“Er día de los namoraus”
Febrero 14, 2009 a 2:22 am (Desvaríos, Humor)
Señoras y señores, amigos todos, lo siento, pero alguien tenía que decirlo:
¡El día de los enamorados está muy mal pensado!
Así de claro.
Y es que ya desde las películas nos mienten, nos meten en la cabeza falsas ideas sobre los romances y nos aseguran, por ejemplo, que cuando estás enamorado oyes música de violines, algo que no es verdad. Cuando te enamoras, una de las cosas que suceden es que dejas de comer, o al menos no comes como lo hacías habitualmente, que antes te zampabas sin problemas un chuletón de buey con abundantes patatas fritas y ahora, como estás enamorado y ‘te llena el amor’, te dejas la mitad de la comida en el plato. Así que cuando te encuentras con tu pareja lo que oyes es más bien el rugido de tus hambrientas tripas y eso, lo mires como lo mires, se acerca más al sonido de los tambores de la procesión de Semana Santa que al de unos armoniosos violines.
Si de repente tu pareja, en un momento de encendido romanticismo, te dice la tan manida frase de: ‘Te quiero más que a mi vida’ o esa otra de ‘Moriría por ti’… desconfía. En serio, hazme caso. Nadie en su sano juicio diría semejante barbaridad y es que, si leemos entre líneas, eso no significa que te quiera mucho sino más bien que tiene instintos suicidas. ¡Que le da igual morirse, leñe!.
Ahora bien, si te dice: ‘Te quiero más que a mi vesícula biliar’, eso ya es otra cosa bien distinta pues, aunque la vesícula biliar tiene sus funciones, se puede vivir perfectamente sin ella con lo que igual tu enamorado/a no te estará jurando amor eterno, pero al menos seguro que no va a meter inesperadamente la cabeza en el microondas para demostrarte lo mucho que te ama y hay que reconocer que eso es todo un detalle por su parte.
También está eso de referirte a tu compañero/a como ‘Mi media naranja’
¡Pero bueno! ¿A quién se le ocurriría esa estupidez de expresión? La naranja, de toda la vida es un cítrico, lo que supone que se trata de una fruta ácida. (Vale, no siempre, pero los cítricos por naturaleza son ácidos, no dulces). Entonces… ¿Le estás diciendo a tu pareja que cada vez que piensas en vuestro mutuo amor te sientes como si estuvieras chupando limones?. Eso de romántico tiene muy poco, creo yo.
¿No sería mejor hablar de ‘Mi media papaya’ que es una fruta más dulce y además con un toque exótico?
Otra cosa que no entiendo es lo de Cupido. Y es que no hay por dónde cogerlo. Seamos serios, el símbolo por excelencia del día de los enamorados es un angelote, desnudo, con aspecto de bebé y que lleva siempre con él un arco y unas flechas. ¿Acaso puede haber despropósito mayor?.
Vayamos por partes que esto tiene miga:
1 – Cupido es apenas un niño… ¡Y ya lo tienen trabajando! ¡¡Eso es explotación infantil!!
2 – ¡Va desnudo en pleno Febrero! (Que todo el mundo sabe que las temperaturas suelen ser frescas y el muchachito este además está siempre revoloteando por los aires. ¿Os imagináis que se ponga enfermo a causa del frío y le entren ganas de vomitar? Que si ya jode que se te cague encima una paloma imagina que… Eso no sale de la ropa con un simple quitamanchas, eh?. Hay que frotar).
3 – Lleva un arco y flechas… ¡Flechas! O_O ¡Las flechas tienen punta y se clavan! ¿No hay una normativa contra eso?.
¿Porqué no sustituyen a Cupido por, no sé, un oso amoroso?. No, calla, que los osos tienen garras y eso también tiene su peligro.
¿Una lombriz, tal vez?.
Y que en vez de ir disparándole a la gente, que eso duele, se dedique a bailar con un hulla-hop frente al enamorado/a. Oye, al menos sería más divertido, no os parece?
Pues eso. Tenedlo en cuenta. A partir de hoy, cuando os suenen las tripas como tambores tras caer presa de la lombriz del amor y esta os baile la danza del hulla-hop, acordaos de decirle a vuestra media papaya que le/la queréis muchísimo más que a vuestra vesícula biliar. Hacedlo y luego me contáis cómo os ha ido…
(Tontería patrocinada por Florencio Zacatá – Abogado divorcista)
“CON CAPAS Y A LO LOCO” (Una historia de superhéroes, supervillanos y tontadas varias) ¡Vaaaaamos a por la segunda parte!
Enero 24, 2009 a 11:11 pm ('Con capas y a lo loco', Humor, Relatos)
En un apartamento normalucho, ni muy lujoso ni muy cochambroso, el veinteañero Bruno Tapia ejercitaba los músculos de su mandíbula desayunando en la mesita del cuarto de estar una ligera tostada con mantequilla y mermelada de fresa mientras miraba los dibujos por la tele cuando, de improvisto, cortaron la emisión para emitir un especial informativo.
- ¡Miér… coles!, ¡Lo han dejado en lo más interesante! ¡Ahora que parecía que el Coyote iba a lograr por fin acabar con el Correcaminos!… - Refunfuñó Bruno al tiempo que dejaba la tostada sobre el plato, absorto con lo que estaban diciendo en las noticias. Su perro Pelanas, un orondo San Bernardo muy sibarita para las comidas, vio en ese instante la ocasión idónea para zamparse la tostada sin que su amo se percatara pero, luego de habérsela tragado, pareció arrepentirse y a cambio le dejó sobre el plato una galleta de perro, algo chuperreteada, con un peculiar sabor a pepinillos.
El presentador estaba hablando del secuestro de un comercio cercano y pasó a leer un comunicado que les había hecho llegar el cabecilla de la banda armada que había provocado la alarma. Bruno cogió lo que él creía que era la tostada y la mojó en el café. Cuando el locutor terminó de leer, el joven dejó el café sobre la mesa, se metió la galleta en la boca sin pensar y se levantó rápidamente del sofá para ponerse en acción.
- ¡Mamá! – Gritó el joven acercándose a la cocina – ¿Hiciste ayer la colada? He de ponerme mi uniforme. ¡La ciudad me necesita!.
- ¡¡No soy tu maldita criada, hediondo saco de estiércol!! – Vociferó agresivamente la mujer al otro lado de la puerta para suavizar melosamente su tono apenas unos segundos después – Si, cariñito, tienes el uniforme en tu armario, lo dejé planchado y colgado esta mañana intentando no despertarte mientras dormías.
- ¡Gracias, mamá, eres la mejor! – Sonrió Bruno mientras se acercaba a su cuarto, se quitaba el pijama y se vestía rápidamente con su disfraz de superhéroe.
- ¡¡Ten mucho cuidado, excremento de hipopótamo!! – Volvió a gritarle su madre cuando lo oyó cruzar de nuevo el pasillo – Ojala lo soluciones todo para la hora de la comida, cielín… Te estoy preparando tu plato favorito…
- ¡Geeeenial!, ¡Te quiero, mamaíta! Por cierto, habrá que comprar otra marca de mermelada, esta deja un regusto extraño a pepinillos… – Dijo Bruno al tiempo que salía a gran velocidad de la casa, tremendamente ansioso por ayudar a los oprimidos.
***
Un montón de coches de policía rodeaba la tienda pero los agentes no se atrevían a hacer nada por temor a que hubiera represalias, al menos hasta tener controlada la situación. La tensión era palpable en el interior del comercio. Los rehenes se apelotonaban unos junto a otros como queriendo protegerse de las afiladas katanas de los ninjas.
- Si ustedes se portan bien, si no me dan problemas, – Dijo el Doctor Monóculo por el altavoz – tampoco los daré yo. Cooperen y todo será sencillo. No queremos que nadie salga herido, verdad chicos?.
- ¡SI, NUESTRO PRIMERO! – Gritaron algunos ninjas al unísono.
El Doctor Monóculo podía ser todo un genio criminal pero tenía muy mala memoria, de hecho, la mayoría de las veces hasta se olvidaba de dónde estaba su guarida archi-hiper-mega-ultra-super-secreta y se veía obligado a llamar a su madre por teléfono para que se lo dijera porque está demostrado que las madres siempre saben mejor que uno mismo dónde guarda las cosas (Generalmente porque ellas han decidido cambiarlas de sitio sin consultar a nadie). Afortunadamente al villano se le había ocurrido enumerar a sus esbirros para no tener que recordar sus nombres. De esa manera él era ‘El Primero’ y el resto iban por orden. Segundo era el que grababa en cámara todo lo que sucedía para tener un recuerdo fiel de cada fechoría que hacían ya que opinaba que por televisión siempre lo tergiversaban todo, Tercero era un auténtico maestro del camuflaje, un experto en disfraces, Cuarto era el más fuerte de todos ellos, aunque también el menos inteligente, una verdadera ‘bestia parda’, de esos que golpean primero y preguntan después, Quinto era el quejica, siempre ponía pegas a todo, había insistido hasta la saciedad en que no le llamasen ‘cinco’ porque tenía muy mala rima (’Por el culo te la hinco’) pero a sus compañeros les parecía demasiado gracioso poder fastidiarle continuamente como para hacerle caso y… bueno, a los demás todavía no los tenía muy fichados pero mientras cumplieran con su papel poco más importaba.
- Si este punto está claro, y por su bien espero que lo esté, – El Doctor Monóculo les lanzó una severa mirada a sus secuestrados – les diré lo que van a hacer a continuación, quiero que ustedes…
- Oiga… Oiga… – Inesperadamente se escuchó una vocecita a lo lejos.
- ¡¿Qué?!… ¿Quién osa interrumpir mi discurso? – El malvado Doctor Monóculo no lograba comprender lo que estaba pasando y miró confuso a su alrededor tratando de descubrir de dónde provenía esa voz chillona que le importunaba.
Tercero la señaló.
- Perdone… Soy yo… Estoy aquí. – Una mano sobresalía de entre la asustada multitud. Otilia iba dando saltitos tratando de abrirse paso, ante la sorpresa de todos, mientras se acercaba al malhechor para que la viera. Cuando logró salir de entre el gentío, el forzudo Cuarto fue a interponerse entre ella y el Doctor Monóculo pero éste ordenó a su lacayo que la dejara pasar. Otilia llegó hasta el villano quien no pudo evitar preguntarse al observarla si lo que llevaba en la cara la mujer era una máscara de Carnaval o realmente era su verdadero rostro, en cuyo caso era más fea que pegarle a un padre con un calcetín sudao a las tres de la mañana.
- Casi no se le oye… ¿Qué ha dicho? – Preguntó inocentemente Otilia.
- ¡¿Cómo?! – Dijo el criminal estupefacto. – ¡¿Que no se me ha oído?!.
- Me temo que no, el altavoz ha dejado de funcionarle justo después de pedir silencio – Comentó Otilia – Igual los de delante han podido oírle bien pero yo que estaba por detrás no me he enterado de nada.
El villano miró a sus rehenes esperando algún tipo de confirmación o desmentido. Los presentes asintieron. El Doctor Monóculo volvió su vista entonces hacia Segundo visiblemente enfadado. Parecía hervir en fuego, como si hubiera probado una comida con mucho picante o se hubiera pillado los huevos con la cremallera del pantalón (O_O ¡Ouch! ¡Qué daño!).
- ¡¿Te has acordado de ponerle pilas a este puñetero cacharro?! - Preguntó.
Segundo salió de detrás de la cámara un momento. Estaba vestido, al igual que sus compañeros, con el típico traje negro de ninja que sólo deja al descubierto los ojos pero, aun así, se notó perfectamente que se estaba ruborizando.
- Errr… Bueno… Yooo… Tal y como están las cosas… Igual se me ha debido olvidar… – Y es que Segundo se ponía enormemente nervioso antes de cada atraco. Se veía a si mismo más como un cineasta, como un artista, que como un malhechor.
- ¡¡So merluzo!! ¡Con lo delicada que tengo la voz y voy a tener que estar todo el rato gritando por tu culpa! ¡Espero que al menos hayas cargado la batería de la cámara!.
- Si, claro Mi Primero, eso si, la dejé cargándose toda la noche – Explicó Segundo tratando de disculparse al tiempo que pensaba si había recordado meter una cinta o en realidad no se estaba grabando nada de nada
- En fin, como iba diciendo cuando creía que se me escuchaba…
De repente sucedió algo extraordinario. Comenzaron a oírse unos golpes secos y varios de los ninjas que mantenían presos a los guardias y a los rehenes empezaron a caer desmayados sobre el suelo, como si algo o alguien estuviera golpeándolos y dejándolos K.O. al instante pero… ¡Era imposible! ¡Allí no había nadie!… O, al menos, no parecía haberlo…
- ¿Y ahora qué ocurre?… ¡¿Es que no voy a poder acabar mi discurso en paz?!.
- Esta función está cada vez mejor – Pensó Otilia creyendo a pies juntillas que estaba presenciando una curiosa obra de teatro – Qué pena no haberme traído algo para picar. Se me están antojando unos pepinillos…
Varios ninjas esgrimieron sus katanas ferozmente, tratando de amedrentar a ese ‘algo’ invisible que les estaba golpeando… pero era inútil, ni siquiera sabían hacia dónde dirigirse para atacar. En apenas unos segundos, más de la mitad de los asesinos yacían derrotados a lo largo de la estancia.
Entonces, la maquiavélica mente criminal del Doctor Monóculo se puso a trabajar y decidió intentar un acto desesperado. Agarró fuertemente a Otilia y quitándole la katana a Quinto (Que se quejó, claro: – Oye, que es mía!), se la puso a la mujer cerca del cuello.
- ¡Seas quien seas, date a conocer o esta mujer morirá! – Amenazó el malvado.
Apenas tuvieron que pasar unos segundos para que una figura comenzara a materializarse poco a poco de la nada.
- ¡Oh, no!… ¡¿TÚ?! – Exclamó el villano sorprendido.
El Doctor Monóculo comprendió en ese mismo instante que iba a tener un día realmente complicado…
(Digo yo que no podemos dejarlo así, habrá que continuar la historia… ;P)
25 de Diciembre, fun, fun, fun… :D
Diciembre 25, 2008 a 9:19 pm (Desvaríos, Humor)
“Navidá, navidá, dulce navidá, ten cuidao con las cogorzas que causa el champán, hey! Navidá, navidá, dulce navidá…“
Wolas, -hips!- que iooo venía a fedicitados a todos -hips!- das fiestas de davidad y año duevo, así que ZZZZZZzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz…

-hips!-
“CON CAPAS Y A LO LOCO” (Una historia de superhéroes, supervillanos y tontadas varias) Primera parte de unas cuantas partes.
Noviembre 28, 2008 a 11:11 pm ('Con capas y a lo loco', Humor, Relatos)
La entrada al comercio se encontraba abarrotada debido al inicio oficial de las rebajas. Miles de mujeres (Y algún que otro hombre que se había metido sin querer dentro del gentío y ya no sabía cómo salir de él) hacían cola para cuando se abrieran las puertas del lugar. Entre todas esas personas se encontraba Otilia. Tenía unos cincuenta años y era poseedora de lo que bien podría denominarse, siendo generosos, como una ‘Belleza distraída’ (O quizá ‘Atentado estético en toda regla’). Cualquier persona que se hubiera fijado en ella una sola vez, se lo pensaría mucho antes de volver a mirarla una segunda. Con un susto al día ya bastaba. De hecho, hasta sobraba. El peinado de la mujer era un verdadero prodigio de la ingeniería más disparatada. Era prácticamente imposible que todos esos rizos aparecieran sin orden ni concierto sobre su cabeza sin ser algo premeditado. Hasta el pelo de un recién levantado tras una noche particularmente difícil sentiría vergüenza de amanecer así. Sus gafas, con unos enormes cristales de aumento que harían palidecer de envidia al mayor telescopio del mejor observatorio astronómico, y su tremendamente desgarbada figura, le conferían el aspecto de una Mantis Religiosa a punto de merendarse al macho aunque, sin duda alguna, en este caso era la hembra la que iba perdiendo ostentosamente la batalla (Seguro que pensaréis que estoy siendo demasiado frívolo al describirla y me diréis eso de que ‘La belleza se encuentra en el interior’ pero yo no le he visto los huesos a Otilia así que no puedo opinar). El caso es que nuestra adorable cincuentona estaba conversando animadamente con alguien que había conocido esperando a que abrieran.
- …Y yo, muy digna, le dije a mi jefe que me había hecho una marranada, que tras 35 años trabajando como secretaria en la empresa no era plan que todo terminase así. Pedí una buena indemnización, desde luego. Prejubilada a causa de mi vista deficiente, que estaba cegata, me dijo. ¡Yo no tengo mala vista! Mis ojos están perfectamente. Llevo gafas porque me cuesta enfocar un poco pero eso es todo. Tampoco es algo alarmante…
- Señora,… disculpe,…– Una joven que estaba inmediatamente después de Otilia en la fila y que (Inexplicablemente) llevaba un buen rato observándola sin caer presa del pánico, le tocó el hombro para llamar su atención. – ¿A quién le habla?.
- Pues a esta chica tan simpática, querida. – Dijo Otilia señalando inocentemente frente a ella.
La joven miró hacia el lugar, miró luego a Otilia, volvió a mirar extrañada al lugar indicado y finalmente giró de nuevo su vista sobre Otilia.
- Señora… P-pero si eso es un póster de dos metros de Meg Ryan anunciando las rebajas…
- Oh… Vaya… Ya decía yo que la notaba algo cabezona…
En ese momento las puertas se abrieron. Las mujeres irrumpieron a tropel en el comercio como una jauría de galgos persiguiendo al conejo del consumismo. La estampida pilló desprevenida a Otilia quien, a causa de la fuerza centrífuga, terminó girando sobre sus pies en una pirueta digna de David Bisbal.
- Uy, qué mareos… y no me he traído la Biodramina conmigo… Aysss… Qué malica me he puesto en un momentillo de nada…
Otilia pasó de su rosado color carne habitual al verde en cuestión de segundos pero logró recuperarse y entrar sin tambalearse demasiado en la tienda aunque, desorientada, confundió el baño de señoras con la planta de ropa. Ni siquiera se dio cuenta de su error cuando intentó probarse un lavabo y vio que no le cabía.
- No se moleste, Señorita – Le dijo a su propio reflejo en el espejo pensando que era una dependienta – Creo que no es de mi talla y, además, el tejido es muy recio. Casi mejor que lo dejo y me voy a mirar otras cosas.
Otilia consiguió salir del baño y finalmente encontró la sección de ropa. Cuando estaba a punto de coger una chaquetilla torera que le había gustado (A pesar de que en realidad eran unas bermudas estampadas), una inesperada explosión sacudió la tienda. En medio de la espesa nube de humo que se había generado aparecieron unas tenebrosas figuras. Los guardas de seguridad del local corrieron hacia ellas, pistola en mano, a ver qué pasaba pero unas veloces manchas negras salieron del humo y los derribaron antes de que pudieran hacer nada, siendo desarmados y maniatados en cuestión de segundos. ¡El comercio estaba siendo atacado por ninjas! (¡Hala! ¿Qué interesante se está poniendo esto de repente, no?). La tienda se llenó de gritos histéricos.
- ¡SILENCIO! – La atronadora voz provenía del centro mismo del humo.
Todas las cabezas de los presentes se volvieron a mirar impactadas.
Uno de los ninjas, cámara de vídeo en ristre, comenzó a grabar la escena apuntando a la voz.
- ¡Acción! – Gritó el ninja.
Un hombre calvo y grueso, de gesto severo, vestido como un científico loco (O como un dentista, que igual eso os da más miedo) y con el dibujo de media calavera roja pintada en la parte derecha de su cara y luciendo un monóculo en su ojo izquierdo y basta ya de describirlo, emergió del humo haciendo una fascinante entrada teatral. Alzó el potente altavoz que llevaba en su enguantada mano derecha y, colocándoselo frente a la boca, se dirigió a su obligado público.
- Buenos días, damas y caballeros, mi nombre es Doctor Monóculo y esto es un secuestro ¡COJ-COJ!… – Tosió – ¡Maldito humo!, ¡Cómo se mete en los pulmones el jodío! ¡COJ!…
(Continuará… Si… Probablemente…)
El juego de las palabras (Un relato porno-erótico-festivo)
Octubre 22, 2008 a 11:11 pm (Humor, Relatos)
Nuevamente me he embarcado en la aventura de continuar un relato comenzado por otros. Me he dado cuenta que me motiva el reto que supone que te den un argumento ya fijado y tener que crear algo nuevo a partir de ahí. Es interesante comprobar como cada uno lleva la historia a su terreno y poco a poco da vida a los personajes y las situaciones.
Como todo Meme, este también tiene sus reglas. Primero lee esto y luego vuelve por aquí
En capítulos anteriores:
Manolo está ‘mal del bolo’. Al menos a mi esa es la única explicación que se me ocurre para que un jubilado de 65 años acabase en un prostíbulo y le pasase lo que le pasó.
Según él, iba simplemente a tomar un Gin-tonic para calentarse el cuerpo debido a las bajas temperaturas del exterior, pero el caso es que una de las prostitutas se lo llevó a la cama y como su ‘manolito’ no se le levantaba, le echó algo en la bebida para ayudar. Pero claro, Manolo ya no es un jovenzuelo y tener prácticamente toda la sangre concentrada en una sola parte del cuerpo no es sano, así que hasta tuvo ciertos delirios de los que despertó al percatarse de que la ‘pilingui’ y sus compinches le estaban robando la cartera. El anciano logró incorporarse y salió escopeteado del prostíbulo a perseguirlos sin tener demasiado en cuenta que iba completamente desnudo y con una tremenda erección que no se bajaba de manera alguna…
Y, acto seguido, mi surrealista continuación de la historia:
La comisaria Gabriela Montes no había tenido que hacer frente a caso más rocambolesco que ese en sus ya veintisiete años de servicio en el cuerpo de policía. En esos momentos se encontraba en su despacho reunida con dos curiosos personajes: un sexagenario visiblemente avergonzado y semi-desnudo (En realidad, la patrula nocturna se lo había encontrado completamente en pelota picada pero en comisaría le habían facilitado algo de ropa para taparse un poco la tremenda erección que lucía) y una mujer enana de apenas un metro de estatura que gritaba como una posesa. ¿Cómo era posible que de un cuerpo con la altura aproximada de una chincheta salieran semejantes alaridos?
- Señora, no logramos entenderla con tanto vociferio – Dijo Bernardo, el otro policía que se encontraba en la estancia – Trate de calmarse un poco para que podamos escuchar su versión de los hechos.
La enana, que respondía al nombre de Eduvigis, hizo el mayor de sus esfuerzos por controlar sus nervios. Tan grande fue que parecía que se estaba conteniendo para que no se le escapara algún pedo inoportuno.
- Ya se lo he dicho, estaba yo tranquilamente regando mis geranios…
- ¿A la una de la madrugada? – Preguntó inquisitiva la comisaria Gabriela.
- Las plantas crecen mejor de noche, con la luna llena, ¿No lo sabía?
- Pues no, pero continúe…
- El caso es que en un descuido se me cayó la regadera a la calle.
- ¿Y fue a parar sobre el señor empalmado, aquí presente, que se desnudó porque le habían calado? – Apuntó Bernardo a quien la situación le parecía enormemente divertida.
El pobre Manolo ni hablaba. A cada momento que pasaba sentía más apuro, especialmente porque la comisaria no dejaba de mirarle con evidente curiosidad la descomunal ‘tienda de campaña’ que se alzaba en su pantalón.
- ¡No! ¡No fue así! – Volvió a gritar Eduvigis – Bajé a recoger la regadera y entonces este maldito pervertido – Miró furibunda al anciano – ¡ME VIOLÓ EL OJO!
- ¡¿QUÉ?! – Exclamaron Bernardo y Gabriela al unísono.
- Verán, – Continuó explicando Eduvigis – es que tengo un ojo de cristal – Y alzó su mano hasta su ojo izquierdo y se lo quitó (Se oyó un ¡Pop!) ante el asombro de los agentes – y, en ocasiones, se me afloja y se me cae. Cuando fui a recoger la regadera del suelo, el ojo se me resbaló y antes de que pudiera colocármelo de nuevo, el pene de este energúmeno se coló en la cuenca vacía… ¡¡ME VIOLÓ EL OJO!!
Bernardo pensó en ese instante que la peculiar Eduvigis era un verdadero desastre; todo se le caía: La regadera, el ojo, las tetas hasta el suelo…
La comisaria Gabriela tuvo un ligero problema con la bebida hacía ya bastantes años (Todo lo ligero que podría considerarse el haberse emborrachado tanto en una noche loca como para acabar casándose con un travesti vietnamita en un viajecito a Las Vegas. Afortunadamente para ella, el travesti se enamoró pronto de un entrenador de aves exóticas y le concedió el divorcio) y no tenía muy claro si lo que estaba viviendo en esos momentos era fruto de las secuelas que posiblemente le habían quedado.
- N-no era esa mi intención – Trató de disculparse Manolo que estaba lo más alejado posible de Eduvigis para evitar que la mujer lo estrangulara o mordiera como había intentado hacía apenas unos momentos – Ya les he explicado que me habían robado y yo corría persiguiendo a los ladrones cuando se cruzó ella y…
- Si, nos hacemos cargo – Dijo la comisaria repasando mentalmente el también disparatado argumento que el anciano les había intentado contar poco antes de que Eduvigis comenzara a gritar y lo interrumpiera.
- ¡No le hagan caso! – Vociferó de nuevo la enana – ¡Me conozco muy bien a los tipos de su calaña! ¡ES UN OBSESO VIOLA TUERTAS!
Gabriela, viendo claramente que la mujer no tenía intención alguna de calmarse, pues ya se abalanzaba de nuevo sobre Manolo dispuesta a dejarle la cara como un cromo, le dijo a Bernardo que sería mejor llevársela a otra oficina para tramitar la pertinente denuncia.
- ¿Y con este qué hacemos? ¿Lo meto en los calabozos? – Preguntó el policía.
- Como lo encerremos en las celdas con eso que lleva entre las piernas, va a hacer ‘amigos’ muy pronto… Igual podríamos usarlo de perchero…
- Señora, por favor, no se burle, que bastante tengo con lo que tengo… – Pidió lastimoso Manolo.
– Tiene razón, perdóneme. Bernardo, aproveche y llame al doctor Sigüenza.
- ¿Al veterinario?
- Si, probablemente sólo él sea capaz de hacer algo con esa erección de caballo…
***
Yyyyyy… (Redoble de tambores) mi querida Getzsemane será la encargada de continuar esta peculiar historia ;P
“El Retonnno”
Octubre 20, 2008 a 11:11 pm (Desvaríos)
- ¡Volvemos! 
- ¿Ehhh?… ¿Quién vuelve?
- Pues tú y yo, los dos, gato despistado!
- ¿Ya se han terminado las vacaciones?
- Emmm… Creo que terminaron hace bastante tiempo pero… somos un tanto remolones… ¬_¬º
- Es que uno se acostumbra muy pronto a lo bueno.
- Pues si, pero ya iba siendo hora de ponerse a trabajar, ¿No te parece?
- Jooo… Nooo… Déjame descansar un poquito más… Porfisss…
- No… No me pongas caras… ¡Eso es hacer trampa!
- Miaaaaaaaauuuu…
- Es que cuando te me pones así… Yo no… Aysss… Bueeeeeno… Vaaaaale… ¡¡¡Pero sólo hasta el próximo Miércoles o nos linchan!!!
- Pfff… Si no lo han hecho todavía…
- Desde luego… Tú siempre haciendo amigos, eh? ò_ó
Entrevistando a Chesire (Porque él lo ha pedido)
Mayo 28, 2008 a 10:01 pm (Desvaríos, Humor, Ilustraciones)
Chesire, ese peculiar gato que me acompaña en la tarea de regentar este blog, ha insistido en que, como los dos trabajamos al unísono, ya va siendo hora de que lo conozcáis un poquito más (Que eso de ser el segundo de a bordo no lo lleva nada bien). Como no estoy yo como para que me maree más de lo necesario (Que ya lo hace… Y demasiado!), le he concedido su deseo en forma de entrevista. Además, según creo, quiere anunciar algo.
No había presupuesto para mucho y, aunque Chesire deseaba que le entrevistara Oprah Winfrey, al final ha tenido que ser un estudiante de periodismo quien lo hiciera y eso le ha cabreado bastante con lo que ha respondido a las preguntas algo enfurruñado (Incluso más que de costumbre). Creo que el becario se está pensando en estos momentos si terminar la carrera, el pobre, o dedicarse al macramé…
- Buenos días.
- Buenas noches.
- ¿Eh?
- Esa letra me la conozco. Me sé todas las del abecedario.
- Ô_o Bueno… Empecemos…
- Pues si. Así en algún momento u otro terminaremos.
- Hablemos un poquito de usted. ¿De dónde surgió la idea de crear un blog?.
- De donde surgen todas mis ideas: de la inconsciencia.
- ¿Cómo?.
- Si tiene hambre… No seré yo quien se lo impida, pero no eche migas al suelo que luego hay que barrer.
- No, no, me refería a… es igual… ¿No cree que contar en internet las cosas que le suceden es contraproducente? Es casi como desnudar el alma.
- Yo desnudo pierdo mucho. Principalmente pierdo la ropa. Además en este blog no sólo se habla de mí, la mayoría de las veces ni siquiera sé de qué estoy hablando.
- ¿Va a contestar alguna pregunta con un mínimo de lógica?.
- Para ello usted tendría que demostrar un máximo de talento haciendo las preguntas, pero no se preocupe, sé conformarme.
- Ejem… ¬_¬ ¿Por qué llamó al blog: ‘La Sonrisa de Chesire’?
- En realidad ese no fue su primer nombre. Iba a llamarlo: ‘Me aprietan los calzoncillos, por eso tengo voz de pito’, pero me pareció un nombre demasiado largo y doloroso.
- º_º Emmm… Sigamos… ¿Cómo definiría su blog?
- Preferiblemente con palabras. Podría hacerlo con silbidos pero sería más complicado entenderlo.
- ¿Se cree usted gracioso?
- No especialmente pero, según tengo entendido, la gente hasta se ríe de algunas cosas que escribo. Ya ve usted qué grosería.
- Errr… Bueno, me han dicho que quería hacer un anuncio para los que le leen. ¿No es así?
- Cierto, cierto. Dentro de muy poquito (’Muy poquito’ es un término relativo en este blog… ejem…) tendréis por aquí algunas páginas de cómic protagonizadas por mi. ¡Estad atentos!
- Según mis informaciones Bram también va a salir en esas tiras cómicas.
- Si, la verdad es que insistió en ello y yo soy de corazón generoso. He aceptado generosamente todo el dinero que me ha pagado para poder aparecer como co-protagonista.
- ¡Vaya!
- ¿A dónde? Si aquí estamos tan a gustito…
- No, yo decía… Emm… ¿Porqué cree que alguien debiera leer su blog en vez de… no sé… ver la tele, por ejemplo?
- Porque apenas hay un canal de televisión decente, el único canal interesante es el ‘canalillo’ y como una mujer note que se lo miras te codifica la emisión de una bofetada.
- Señor Chesire, le dejo por imposible. Es usted el entrevistado más extraño que he tenido en mi vida.
- Usted es el entrevistador más feo que he tenido en la mía pero se lo digo como anécdota.
- ¡¡Y además es insoportable!! ¡¡Adios!! Ò_Ó
- ¿Ya se marcha? Si lo estábamos pasando tan bien…
¡Tierra trágame!
Marzo 29, 2008 a 12:21 am (Anécdotas, Humor, Ilustraciones)
Esta expresión se suele emplear cuando sucede algo que desearíamos que no hubiera tenido lugar. La historia que os voy a contar es digna merecedora de un sonoro ¡Tierra trágame!, al menos seguro que fue eso lo primero que pensó la protagonista del relato.
Viajar en autobús en ocasiones puede convertirse en una experiencia bien curiosa y yo viajo en el bus urbano todos los días para ir al trabajo ya que se encuentra lejos de mi casa y no tengo coche. Normalmente suelo ir leyendo un libro, inmerso en las aventuras de sus personajes y sin hacer mucho caso a lo que me rodea porque por lo general no suele ocurrir nada extraordinario pero siempre hay algún momento en que desvías la mirada de la lectura y descubres algo que te llama la atención: como aquel día que vi por la ventana a un señor todo trajeado con pinta de millonetis, conduciendo su cochazo con una sola mano y con la otra metiéndose un dedo en la nariz con tal interés que parecía que se estaba rascando el cerebro. Pero eso no fue nada comparado con lo que le ocurrió a Mary la Rapera.
¿Que quién es Mary la Rapera? Pues una muchacha que viajaba en el autobús y a la que yo bauticé así tras fijarme en las pintas que llevaba. Era una chica de unos diecimuchos o ventipocos años que parecía que se había tragado a Eminem para desayunar y se había quedado con su ropa. Mary estaba de pie dale que te pego al móvil, hablando sin parar supongo que con otra muchacha de su edad a la que denominaba ‘tía’ y que la escuchaba al otro lado del teléfono. Le estaba contando unas historias de amplio contenido intelectual basadas en lo mal que al parecer se llevaban un tal Johnny (Lo que viene siendo el ‘Juanillo’ castizo de toda la vida) y un tal Maikel al que, a la vista de cómo hablaban de él, más le valdría entrar en un programa de testigos protegidos, cambiar de identidad y mudarse pronto de ciudad.
- Ya, tía, pero es que el Johnny es un bocas y, por mucho que diga, no tiene cojones de pillar al Maikel un día y darle de hostias como se merece. A ver si se decide pronto y lo manda al hospital de una puta vez.
Como podéis comprobar, Mary era, ante todo y sobre todo, muy discreta hablando, así que nos tenía a todo el autobús pendientes de su conversación no tanto por una cuestión de inclinación hacia el cotilleo de los allí presentes sino por el hecho de que era prácticamente la única que hablaba y además bien alto, sin consideración alguna hacia el resto de pasajeros, taladrándonos los oídos con su incesante verborrea. Yo imagino que semejante espécimen humano había nacido en el Bronx neoyorquino y nos la habían traído a España por correo certificado tratando de librarse de ella. Su interlocutora, la ‘tía’, o se había caído muerta en el sitio escuchándola o era muy parca en palabras porque Mary la Rapera apenas hacía pausas en su conversación-monólogo. En los escasos segundos en que Mary no hablaba se entretenía masticando un chicle, ‘amasándolo’ tanto con los dientes que parecía que luego lo iba a hornear para hacer magdalenas de goma. Fue entonces cuando llegué a la conclusión de que sus mandíbulas no tardarían mucho en concertar una cita con los sindicatos obreros para pedir un aumento de sueldo debido al agotador trabajo al que Mary la Rapera las sometía.
El caso es que justo enfrente de Mary se sentaba una señora de mediana edad y con el pelo cardado que aparentaba ir tan tranquila en el autobús disfrutando del trayecto pero, al parecer, no era así pues algo maligno se estaba fraguando en su interior y ese algo salió expulsado inesperadamente por su boca en forma de vómito (La mujer llevaba un tremendo mareo encima), regando ampliamente el pantalón de Mary la Rapera a quien todavía no logro entender cómo no se le cayó el chicle de la boca de la impresión.

- ¡¡JO-DER!!… Tía, qué fuerte, no te vas a creer lo que me ha pasado… ¡Me han vomitado encima!… Tengo que colgar – Le dijo Mary la Rapera entre sorprendida y enfadada a su amiga la ‘tía’ (A quien me hubiera encantado haberle podido ver la expresión de la cara mientras oía esas palabras). Y después de un breve momento de gritos, tensión y recriminaciones, Mary ya no abrió más la boca. A partir de entonces y hasta que llegó a su parada se mantuvo completamente en silencio (Temerosa tal vez de que la del cardado la atacase con sus efluvios corporales nuevamente pues aún estaba a tiempo de lanzarle un escupitajo al ojo para rematar la faena), entretenida con un amasijo de cleenex en las manos, tratando de limpiarse ‘el regalo’ que le había dejado encima la señora.
Desde luego hay que reconocer que como método para hacer callar a la gente es efectivo pero no todos los autobuses cuentan con una oportuna señora vomitona en su interior y sin embargo si que es probable encontrarse a más de un pasajero pesado.
Hijo de la Nieve.
Enero 13, 2008 a 11:11 pm (Relatos)
Sin razón aparente, y con la pronta cercanía del Invierno, una pequeña chispa prendió entre la hojarasca que había dejado el Otoño convirtiéndose en una peligrosa llama. El Fuego enseguida se hizo fuerte con tanto combustible cercano y creció en intensidad y calor. Envalentonado, inició una macabra danza abrasando todo aquello que le rodeaba y engrandeciéndose conforme avanzaba. Su poder era tal que las pocas nubes que cobijaba el cielo murieron antes de lograr arrojar gota alguna. El suelo se secaba a su paso, se agrietaba y ennegrecía. Nada vivo podía resistirlo. Hasta el Sol parecía empequeñecerse ante un poder tan diabólico.
No muy lejos de donde había comenzado todo, en la arcana Torre de los Hielos, la Reina Nieve terminaba de tejer el frío manto que pronto vestiría la tierra. Pensaba en lo poco que quedaba para que sus queridas lechuzas (En la Torre había miles de ellas) elevasen a los cielos la magnífica colcha en la que había estado trabajando tan afanosamente a lo largo del año, y la dejasen caer suavemente sobre su lecho natural. Pensaba en la alegría que se llevarían los niños cuando les rodeasen millones de copos que pintarían el paisaje de blanco. ¡Cómo jugarían con la nieve!, ¡Cuántas risas se oirían! Tan solo por escuchar esa música cristalina nacida de los labios de los pequeños, la Reina Nieve sentiría que su trabajosa tarea habría merecido la pena y disfrutaría del momento en compañía de su hijo, aquella criatura a quien tanto amaba y que era la fuerza que la empujaba a vivir. Un hijo encantado, nacido del hielo que la rodeaba.
Cómodamente sentada en su sillón, tejía los últimos puntos de la gigantesca tela y observaba al niño de sus ojos jugando a sus pies con una bola de nieve a la que daba la forma de un pequeño elefante. Había hecho la trompa demasiado grande y la frágil figurita no se sostenía en pie pero el pequeño ya estaba empezando a corregir su fallo. La Reina Nieve sonrió al comprobar el logro del jovencito pero su sonrisa se le tensó rápidamente en la cara transformándose en una mueca de terror. Sus ojos se abrieron desmesuradamente incapaces de creer la escena que estaban contemplando, incapaces de explicarla. Cuando empezó a percibir el cambio de temperatura fue consciente de todo y la gota que se deslizó por el brazo del niño no dejó lugar a la duda. Su hijo se estaba derritiendo…
Presa del pánico más absoluto lanzó un grito pero era tal el miedo que sentía que su garganta fue incapaz de emitir sonido alguno. Tiró al suelo su trabajo y abrazó a su pequeño en un vano intento de protegerlo pero se dio cuenta que el propio calor de su cuerpo solo conseguiría empeorar la situación. Dejó a su asustado niño en el lugar más frío de la estancia intentando retrasar el mal que lo aquejaba. ¿Qué ocurría en su mundo helado? Debía averiguarlo y ¡Pronto!. Quizá no quedase demasiado tiempo. El calor era insoportable. Miró por las ventanas de la fortaleza y finalmente la vio. La terrorífica llama caminaba hacia la Torre amenazando con consumir todo su reino. Tenía que evitarlo como fuera.
Primero envió al Viento Helado para apagar el Fuego pero este, poderoso y brutal resistió. El Viento sólo consiguió azuzarlo aún más empeorando la situación. Ya no era un simple Fuego, se había trasformado en un dañino Gigante ígneo que sonreía maléficamente. Era la viva imagen del horror y su cercanía traía la Muerte.
La Reina Nieve suplicó al Gran Fuego que se detuviera, que perdonase la vida a los habitantes que moraban en el reino helado, pero viéndose invencible, el Gigante de Fuego la ignoró. Desesperada, ordenó a sus lechuzas coger la manta nevada y lanzarla sobre el monstruo. La nieve, convertida en agua al contacto con el calor, se precipitó con violencia sobre la extensa llamarada logrando reducir a la mitad la intensidad y fuerza del Gran Fuego. Este, enfurecido, arremetió contra el Torreón lanzando hirvientes flechas que alcanzaron a gran parte de las lechuzas que habían quedado rezagadas. La Reina Nieve sintió un inmenso dolor al presenciar la muerte de sus leales sirvientes pero ya nada podía hacer por ellas, ya nada podía hacer por nada. Había perdido la batalla pues no le quedaba con qué contraatacar. Tan solo podía huir con su pequeño pero… ¿Dónde estaba su hijo?. A sus pies vio un pequeño charco, del tamaño de un niño. Destrozada, rompió a llorar…
Y su pena fue tan grande que las lágrimas de sus ojos se convirtieron en Mar y la tierra se regó con su llanto. La fuerza de su dolor llegó hasta el Fuego caprichoso que sintió miedo y suplicó clemencia pero su ruego no fue escuchado como tampoco él atendió a las súplicas de la Reina Nieve, y con la furia que nace del dolor más puro, el Fuego fue barrido por la triste marea.
Cuenta la leyenda que, desde entonces, el Invierno es una estación sombría y cruda como reflejo de un corazón roto que no encuentra consuelo pues ni el tiempo logra acallar tan inmensa pena. Y cuando nieva, lo que vemos es el llanto de una madre a la que le fue arrebatado su hijo y se halla perdida en la inmensa soledad de su helado destino.


