Mwezi Kati (1ª Parte)

– Los Dioses tienen sus propios planes – Eka, la anciana Chamán permanecía arrodillada junto al camastro del pequeño Suli. No estaba segura de poder hacer nada por él. La fiebre atenazaba al chiquillo y ninguno de los remedios de la hechicera había logrado solucionar el problema. Su vida se estaba consumiendo como se consumía la tarde en la Sabana Africana.

En la choza, de pie, otras dos figuras observaban apesadumbrados al pequeño.

– P-pero Suli no… Es apenas un niño… Es demasiado pronto… Demasiado pronto… – La madre del pequeño miraba a la hechicera buscando en sus ojos un leve destello de esperanza. A su lado Mukalai, el hermano mayor de Suli, apenas un adolescente, contenía sus sentimientos tras una máscara de entereza mientras su corazón sangraba de dolor. La desgracia se había cebado con ellos. La Muerte se había llevado a su padre pocos meses antes y desde entonces él era el hombre de la casa. Tenía que ser fuerte.

Eka era demasiado vieja. Hacía muchos años que debiera haber legado sus conocimientos a una discípula pero por mucho que había buscado en la aldea, por mucho que escuchase las voces de sus ancestros, no era capaz de descubrir quien podía sucederle. Eso se había convertido en un problema pues sus piernas ya no respondían como antes y las largas caminatas en busca de plantas medicinales eran cada vez menos frecuentes. Por eso no disponía de todos los medios a su alcance que hubieran sido deseables. Solo se le ocurría una idea para salvar al pequeño pero era demasiado peligrosa. Una Chamán experta, ayudada por el vigor de la juventud, ya hubiese encontrado numerosos problemas para lograr su objetivo y una anciana como ella nunca podría completar el viaje. Así que lo que estaba pensando no tenía demasiado sentido pero, tal vez, fuese la única posibilidad.

– Hay algo que puede hacerse – Dijo al fin la hechicera, casi en un susurro, mientras se incorporaba – Puedo mantenerlo unos días más con vida pero para salvarlo deberíais estar dispuestos a hacer cualquier cosa. Incluso a enfrentaros a vuestra propia Muerte. ¿Es vuestro amor por Suli tan grande?.

Mukalai y su madre ni siquiera tuvieron que mirarse. Sus voces sonaron sinceras y decididas al contestar a la anciana.

– Es mi hijo. Lleva mi sangre. Haré lo necesario.

– Es mi hermano. Estoy a tu servicio.

Eka asintió complacida y miró fijamente a la madre de los muchachos.

– Debes permanecer siempre al lado de Suli. Rezando por su alma. Enviándole la fuerza que necesita para curarse. Debe sentir que estás con él en todo momento. Tu Amor le mantendrá entre nosotros.

– Así lo haré –

La anciana volvió la vista hacia Mukalai y vio determinación en sus ojos. Había tenido que madurar mucho en poco tiempo y su cara reflejaba una fuerza interior impropia de su juventud.

– Temo por ti Mukalai. Tu misión podría entrañar peligros a los que nadie debiera verse expuesto. Solo si te mantienes firme lograrás tu objetivo. Debes ir a ver al gran Espíritu Errante. El Caminante Nocturno que vela por los sueños de los habitantes de la Sabana.

La expresión inmutable del muchacho dejó escapar un atisbo de duda.

– Esta noche habrá Luna llena. Será mas fácil verlo – Continuó Eka – Saldrás a su encuentro y le hablarás del mal de tu hermano. Si te considera digno, el Espíritu te dirá que debes hacer para salvar a Suli. Si no… nada podremos hacer para alejar a la Muerte.

– Seré digno. Lo seré.

* * *

(CONTINUARÁ)

Anuncios

1 comentario


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: