Me llaman ‘Don Despistes’.

Quienes me conocen bien ya saben que soy un caso perdido y que tengo poco remedio posible. Lo que ocurre es que voy por la vida de un feliz que asusta y, claro, así es que me pasa de todo.

Os pongo en antecedentes:

Cumpleaños de una buena amiga mía. Una muchacha a la que, por desgracia se le muere todo ser vivo que cae en sus garras. No lo hace queriendo, la pobre. En realidad se esmera todo lo posible en cuidar a sus mascotas pero por ‘A’ o por ‘B’ sus pececitos la espichan o se le cae muerta una paloma en el balcón de su casa (Completamente verídico). Con semejante historial de muerte animal, sus amigos, en un acto no se muy bien si de mala leche o esperanzador deseo, decidimos regalarle una planta para decorar su casa (Bueno y también una camiseta muy chula. Más que nada porque eso no se muere salvo que decidas plancharlo más de la cuenta.).

El caso es que nos dividimos el trabajo. A mí me toca encargarme de comprar la plantita en cuestión. Claro que la cosa no iba a ser sencilla y tenía sus reglas.

Tres nada menos. Igualito que los ‘Gremlins’.

1. La planta debía tener como máximo 18 cm de diámetro para caber en la bonita maceta de cerámica que habíamos comprado previamente.

2. Debía ser una planta de interior (Porque fijo que si es de exterior o se achicharra al Sol, o le cae granizo encima y fin de la historia de la planta).

3. Y, por supuesto, (Y lo más importante) de fácil cuidado.

Armado con semejantes condiciones me pateo la ciudad a la caza del codiciado tesoro. Voy de tienda en tienda buscando aquel vegetal que más se ajuste a lo indicado (Y al ‘bolsillo’, pa que nos vamos a engañar, que soy pobre pero honrado) y en esas que, tras mirar unas cuantas y no tener muy claro si me convence algún modelo ‘plantil’ en cuestión, de repente diviso a lo lejos una floristería. Otra más. Se dibuja un faro de esperanza en el horizonte.

Cuantas más tiendas para elegir, más posibilidades de acertar – Pienso – Tal vez aquí encuentre la indicada.

Raudo y veloz me dirijo a la floristería sorteando semáforos que se ponen inoportunamente en rojo y conductores dispuestos a acabar con mi misión antes de tiempo. Consigo cruzar el umbral de la puerta. Ya estoy a salvo. Un vergel de helechos, buganvillas, rosas y arbustos mil emerge frente a mí como si me encontrara en plena jungla tropical.

– Buenas tardes señora – Le digo a la dependienta.

Buenas tardes. ¿Qué desea? – Contesta ella solícita.

¡Esta es la mía! Ahora le demostraré que vengo con la lección bien aprendida y que no me va a conseguir vender nada que yo no quiera como hacen todos los vendedores para ganarse los cuartos. Tengo las ideas claras y sé lo que quiero comprar. Con una sonrisa de satisfacción en la cara le suelto lo que voy buscando:

– Una planta.

– De 18 cm de diámetro.

– De interior.

– De fácil cuidado para que no se muera.

Ya lo he dicho. No me he equivocado en nada. He quedado como un hábil comprador. Mi sonrisa de satisfacción continúa resplandeciente.

Y la mujer me contesta amablemente:

No se preocupe. Ninguna planta de las que vendemos en esta tienda se le va a morir. Son todas artificiales.

Bien… La vendedora ha cogido mi sonrisa de satisfacción y ‘sutilmente’ me la acaba de introducir por el culo.

– Bueno… – Contesto yo – Al menos, así nos evitamos otro entierro… (La dignidad ante todo).

Dicen que los genios son despistados…

¿Seré un genio y no me he dado cuenta? 😛

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4 comentarios

  1. VALERIA said,

    mayo 4, 2007 a 10:06 pm

    Ja, ja, ja!!

    Qué bien relatás la historia.
    Menos mal que pasé, me levantás el ánimo!!

    Besos.

  2. ShaO said,

    mayo 5, 2007 a 7:39 pm

    Jojojo… Será perr…fida la tía?

    Yo digo que sí que eres un genio (Jiji con lámpara y todo) y, de paso, me apunto yo tb que para despistada me sobran cualidades y sino que se lo digan al bibliotecario con el cual tuve el otro día un mano a mano (verbal se entiende) porque olvidé el carnet y él quería saber por qué no me había aprendido el número de lector; a lo cual, y procurando mantener la compostura (estoy en la situación B de tu plan de compra), le recordé la infinidad de números de teléfono, códigos secretos y demás oligofrenias que tengo que recordar…

    Creo que no es necesario contar el final, no?

    Los p… libros se quedaron mirándome con cara de guasa en la estantería mientras los pelos del bigote del funcionario se mantenían en extraña posición y mi nivel de desesparación entraba en la zona roja (próxima a ignición) ¬¬

    Que somos unos incomprendidos! Jajaja Pero… Y lo bien que se pasa?

    Bueno hermosote, que tengas una buena semana y ya nos mantendrás informados sobre la evolución de la “mascota verde” de la cumpleañera (Por cierto, felicidades para ella aunque no sé quien es…) 😀

  3. mayo 6, 2007 a 12:51 am

    Juasssssssssssssssssjuajuajuajuajuajuasssssssssss XDDD

    q historia!!!
    es de esas q cuentas a tus nietos cuando eres viejo (evidentemente…) y no se lo creen!!! jijijiji

    besitos chikititos
    ^_^

  4. Adamás said,

    mayo 6, 2007 a 9:03 pm

    Igual eres un genio, tú piensa que lo bueno de ser muy listo es que te puedes hacer pasar por tonto sin problema (que no al revés), así que… No te fíes de los tontos :p

    Taluegin!!!


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