La entrada más corta de mi vida.

Me encanta tener buenos amigos. 😀

GRACIAS JOSE, me ha hecho una ilusión tremenda.

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Esos aparatos inventados en el Infierno.

No hace mucho, tuve que hacerme unas fotos de esas de carné para mi ficha del trabajo. Como me las tuve que hacer deprisa y corriendo, no pude ir tranquilamente a un estudio fotográfico en el que te iluminan que da gusto y sacan la mejor de tus caras (Que para eso pagas). No me quedó otro remedio que usar un Fotomatón.

Fotomatón. Terrible palabra. Si hasta el mismo nombre da yuyu: Foto-matón. ¿A qué mente perturbada se le ocurriría semejante denominación? Pero claro, luego utilizas el aparatejo en cuestión y lo entiendes todo. El nombre no puede estar mejor puesto.

Lo primero es tratar de descifrar en los anuncios del exterior de la máquina cual es la opción que necesitas, que siempre hay varias para complicarnos la vida, como esa en la que te ponen de fondo un paisaje de las pirámides egipcias y tienes que lograr encajar la cara dentro del dibujo de una momia (Se supone que es una foto graciosa pero vaya la gracia de que te llamen momia, así sin venir a cuento). Otra opción, también altamente apetecible, incluye un llavero para llevar tu foto dentro, que solo falta que te deje la posibilidad de apuntar la dirección de tu casa y, si un día pierdes las llaves, el señor ladrón al menos sabe a quien está robando y, con suerte, te deja unos céntimos en la mesilla del dormitorio porque te ha cogido cariño ya que te conoce de antes.

Una vez logrado salvar el escollo de la elección del tipo de foto, toca adentrarse en la dimensión desconocida: El interior de la máquina.

Por lo pronto, el Fotomatón no te da intimidad alguna. ¿Qué te separa de las miradas indiscretas? ¿Una simple cortinilla? Ni que hubiera que estudiar ingeniería para descorrer una cortina. ¡Amos, anda!. Eso no es seguro, hombre.

Luego siempre pasa lo mismo: La banqueta no está a tu altura. O el anterior inquilino del Fotomatón era Pau Gasol y te la ha dejao subida a la altura de los sobacos, o era una subespecie de la familia de Los Pitufos y tienes que pegarte varios minutos dándole vueltas para elevarla desde tu pantorrilla a donde debe estar para que te aposentes en condiciones.

Sueltas la pasta, eliges la opción y comienza el drama.

Y es que la voz de la ‘señorita’ de la máquina (Que ha debido tomar lengua para comer porque ¡Joer lo que casca!) no deja de decirte que te pongas guapo, que no tienes tiempo y que la máquina va a disparar la primera foto y más vale que te prepares. Comienza la cuenta atrás. (Eso parece el despegue del Challenger. 5… 4… 3…).

Uy, te has visto en el espejito un pelo fuera de sitio (Que hoy hace mucho viento y llevas unas pelanas todas tan llenas de caracolillos que pareces Marujita Díaz). Subes un momentito la mano para ponértelo donde toca y la máquina dispara el flash a traición (La muy cabrona). Total que en la foto que aparece en la pantalla parece que estés practicando un paso de Sevillanas. Y con el caracolillo a la virulé.

Obviamente esa foto no sirve, pero como te quedan dos opciones más no hay problema. Alguna ha de salir bien (O eso te crees tú).

El Fotomatón va a hacer la segunda foto. Te pones en posición y esperas. Y claro, como estamos en Primavera y la alergia flota en el ambiente, de repente tus narices se rebelan contra ti y empiezan a picarte. Sacas el cleenex deprisa y, milagrosamente, te da tiempo a sonarte. Todo solucionado. 3… 2…

ATCHÚUUUSSS!!!

Ay, madre!!! Acabas de regar la pantalla y no se ve nada!!! Hay que limpiar eso que si no la siguiente foto (Porque esta es inutilizable, claro está) va a parecer que te la hacen en el fondo del Mar.

Calma, calma, que queda una. Esta ha de salir bien por obligación (Y porque no queda otro remedio). Pero ni calma ni gaitas, tú ya estás en tensión pensando qué demonios va a pasarte ahora, así que tu ensayada sonrisa se desdibuja en medio de una mueca de preocupación.

Y Zas!

La foto.

Te miras atónito.

¡¡¡Pero, pero, pero…!!! ¿¿¿Quién es eseeee???

Y es que nunca nos reconocemos en las fotos. Es como cuando te oyes en una grabación: Tú jurarías que tienes una voz angelical, digna de los coros celestiales y resulta que suena más bien como el graznido de un cuervo con unas cuantas copitas de más. Yo sostengo la teoría de los antiguos que decían que las fotos capturaban el alma. Los Fotomatones deben capturar el alma pero van con retraso (Como los trenes) y mantienen en tus fotos el alma del anterior inquilino del Fotomatón y, evidentemente, el alma de un esquimal congoleño no se corresponde con la tuya ni por asomo.

Definitivamente no te queda más remedio que quedarte con la, igualmente terrible, tercera foto porque, pese a todo, es la más presentable. Eso si, juras y perjuras que jamás volverás a usar un Fotomatón en tu vida porque no hay derecho a tanta desgracia junta. Bueno, lo juras hasta la siguiente vez que te piden fotos y no tienes ninguna y, como te da pereza ir a un fotógrafo en condiciones (Que además cobra más), pues piensas: Total… Qué puede pasar???

¡Insensato!

FELICIDADES MONI!!!

Dedicado con todo cariño a Mónica (Y a la pequeña Lucía).

Mira, mira… Da pataditas… 😛

Massive Attack – Teardrop

Vale. Aceptamos pulpo como animal de compañía.

Hay gente que se siente sola y por eso se compra mascotas. Hay mascotas que hacen mucha compañía como los perros, los gatos, incluso los canarios, pero hay otras mascotas que lo único que hacen es… Estar ahí.

¡Vaya mierda de acompañamiento, oye!

Son lo que yo denomino ‘Sosomascotas’. Su característica más sobresaliente es que son aburridas.

* Los peces son unos animales muy bonitos pero completamente idiotas. Se pegan todo el día en el acuario yendo y viniendo de un lado a otro como zombis. Como si estuvieran haciendo la instrucción en el Servicio Militar:

Glu glu glu hacia la izquierda, Ar!
Glu glu glu media vuelta, Ar!
Glu glu glu hacia la derecha, Ar!

Y otra vez a empezar. Es como ver una lección continua de Coco en ‘Barrio Sésamo’ pero quitándole toda la gracia.

Mi padre tenía un acuario en su despacho lleno de pequeños pececitos de mil colores distintos y un buen día compró una pareja de peces de la especie Zanclus Cornutus, un tanto más grandes. De repente, en poco tiempo, empezaron a desaparecer pececitos. Digno caso de estudio para Sherlock Holmes… El más grande de los Cornutus (Que cada día estaba más grande y más Cornutus) se los estaba zampando cuando nadie miraba. Su voraz apetito había provocado un holocausto caníbal. Me lo imagino agazapado viendo pasar ‘su menú’ y escogiendo ‘plato’ mientras se preparaba para el ataque amparado en su envergadura.

Uy, el último bocadito me ha sentado un poco mal. A ver si me preparo un poco de bicarbonato para la digestión. Burp!

¿Veis? Ver eso si que hubiera sido interesante y no el perpetuo desfile de los ‘gluglús media vuelta, ar’…

* Todos sabemos que no se pueden llevar animales en los transportes públicos salvo que sean perros lazarillo o similar. Bueno, solo perros lazarillo… ¿Acaso alguien conoce algún ‘similar’?… Hasta ahora, que yo sepa, no se ha hablado de la existencia de un periquito lazarillo pero, si existiera, lo bueno sería que podrías manejarlo perfectamente tirando de la correa:

Eh, tú! Sooo! Ven p’aquí! Ande vas anublao?!

Tirón de correa y de vuelta a su lugar de origen. Como un yoyó.

El caso es que no puedes meter un animal cualquiera en un autobús pero eso no significa que no puedas saltarte las leyes y llevarlo a escondidas, claro que eso supone tener cuidado para que no lo descubran (Aunque hay gente que pasa de todo y lo mismo le da).

Ocurrió en un trayecto de Barcelona a Zaragoza. Estaba yo martirizándome involuntariamente los oídos con la desagradable cantinela que profería una muñeca que llevaba una chica en el asiento de atrás mío cuando, de improvisto, el conductor cogió el micrófono.

– ¿Qué pasará? – Pensaba yo – O se va a poner a cantar el Bulería-Bulería del Bisbal o hacemos una parada de descanso en la próxima Estación de Servicio por si alguien quiere estirar las piernas.

No nos cantó el Bulería-Bulería del Bisbal (Afortunadamente) ni paró el autobús para el esparcimiento de los pasajeros. Lo que ocurrió fue algo ‘ligeramente‘ más increíble:

El conductor llevó el micrófono a sus labios y, con una voz repleta de la más apabullante tranquilidad, se dirigió al respetable:

Señoras… Señores… Si alguno de ustedes ha extraviado una iguana, que venga a recogerla a la parte delantera del autobús que está viéndome como conduzco. Gracias.

Y, ante semejante revelación, todo el autobús con los ojos como platos. O_O

Claro, a su dueño se le escapó porque, por lo general, las iguanas se mueven menos que un peluche en una cama de velcro. ¿Para que vas a ponerte a vigilar eso?.

Nadie ha dicho hasta ahora:

Me voy a comprar una iguana porque son la alegría de la Huerta.

¡¡¡Si es que no se menean las jodías!!! Parecen estatuas. Curiosamente esta tenía alma viajera. Igual era prima de Gustavo la rana (El reportero más dicharachero de Barrio Sésamo) y estaba ayudándole a preparar su próximo reportaje y se había acercado hasta allí para tomar notas. Vete a saber…

Por otra parte… Hay que ver lo que tienen que sufrir los pobres conductores de autobús, eh?…

* Tampoco las tortugas se libran de ser animales aburridos. Mi hermano tuvo dos tortugas de agua. Las llamó Leo y Kate (Como los actores protagonistas de ‘Titanic‘). Nadie sabía si eran macho y hembra pero daba igual.

Como si estuviéramos reviviendo la película, Kate estaba más rolliza porque le quitaba la comida a Leo y, al final, el pobre de Leo la espichó (Igual que en la peli). El caso es que Kate vivía como una reina en su islita de plástico, con su palmerita y su piscina sin dar mal alguno pero más le valdría haber dado algo de bulla porque luego pasa lo que pasa, que el cuarto te empieza a oler como a curry y terminas cayendo en la cuenta que hace dos meses que no das de comer a la tortuga y se ha quedao tiesa como la mojama.

Fue un bonito funeral. 😦

¿Veis? Si es lo que yo os digo. Estas cosas ocurren porque son ‘Sosomascotas’. Si fueran más divertidas seguro que no les pasarían tantas desgracias.