El juego de las palabras (Un relato porno-erótico-festivo)

Nuevamente me he embarcado en la aventura de continuar un relato comenzado por otros. Me he dado cuenta que me motiva el reto que supone que te den un argumento ya fijado y tener que crear algo nuevo a partir de ahí. Es interesante comprobar como cada uno lleva la historia a su terreno y poco a poco da vida a los personajes y las situaciones.

Como todo Meme, este también tiene sus reglas. Primero lee esto y luego vuelve por aquí 😀

En capítulos anteriores:

Manolo está ‘mal del bolo’. Al menos a mi esa es la única explicación que se me ocurre para que un jubilado de 65 años acabase en un prostíbulo y le pasase lo que le pasó.

Según él, iba simplemente a tomar un Gin-tonic para calentarse el cuerpo debido a las bajas temperaturas del exterior, pero el caso es que una de las prostitutas se lo llevó a la cama y como su ‘manolito’ no se le levantaba, le echó algo en la bebida para ayudar. Pero claro, Manolo ya no es un jovenzuelo y tener prácticamente toda la sangre concentrada en una sola parte del cuerpo no es sano, así que hasta tuvo ciertos delirios de los que despertó al percatarse de que la ‘pilingui’ y sus compinches le estaban robando la cartera. El anciano logró incorporarse y salió escopeteado del prostíbulo a perseguirlos sin tener demasiado en cuenta que iba completamente desnudo y con una tremenda erección que no se bajaba de manera alguna…

Y, acto seguido, mi surrealista continuación de la historia:

La comisaria Gabriela Montes no había tenido que hacer frente a caso más rocambolesco que ese en sus ya veintisiete años de servicio en el cuerpo de policía. En esos momentos se encontraba en su despacho reunida con dos curiosos personajes: un sexagenario visiblemente avergonzado y semi-desnudo (En realidad, la patrula nocturna se lo había encontrado completamente en pelota picada pero en comisaría le habían facilitado algo de ropa para taparse un poco la tremenda erección que lucía) y una mujer enana de apenas un metro de estatura que gritaba como una posesa. ¿Cómo era posible que de un cuerpo con la altura aproximada de una chincheta salieran semejantes alaridos?

– Señora, no logramos entenderla con tanto vociferio – Dijo Bernardo, el otro policía que se encontraba en la estancia – Trate de calmarse un poco para que podamos escuchar su versión de los hechos.

La enana, que respondía al nombre de Eduvigis, hizo el mayor de sus esfuerzos por controlar sus nervios. Tan grande fue que parecía que se estaba conteniendo para que no se le escapara algún pedo inoportuno.

– Ya se lo he dicho, estaba yo tranquilamente regando mis geranios…

– ¿A la una de la madrugada? – Preguntó inquisitiva la comisaria Gabriela.

– Las plantas crecen mejor de noche, con la luna llena, ¿No lo sabía?

– Pues no, pero continúe…

– El caso es que en un descuido se me cayó la regadera a la calle.

– ¿Y fue a parar sobre el señor empalmado, aquí presente, que se desnudó porque le habían calado? – Apuntó Bernardo a quien la situación le parecía enormemente divertida.

El pobre Manolo ni hablaba. A cada momento que pasaba sentía más apuro, especialmente porque la comisaria no dejaba de mirarle con evidente curiosidad la descomunal ‘tienda de campaña’ que se alzaba en su pantalón.

– ¡No! ¡No fue así! – Volvió a gritar Eduvigis – Bajé a recoger la regadera y entonces este maldito pervertido – Miró furibunda al anciano – ¡ME VIOLÓ EL OJO!

¡¿QUÉ?! – Exclamaron Bernardo y Gabriela al unísono.

– Verán, – Continuó explicando Eduvigis – es que tengo un ojo de cristal – Y alzó su mano hasta su ojo izquierdo y se lo quitó (Se oyó un ¡Pop!) ante el asombro de los agentes – y, en ocasiones, se me afloja y se me cae. Cuando fui a recoger la regadera del suelo, el ojo se me resbaló y antes de que pudiera colocármelo de nuevo, el pene de este energúmeno se coló en la cuenca vacía… ¡¡ME VIOLÓ EL OJO!!

Bernardo pensó en ese instante que la peculiar Eduvigis era un verdadero desastre; todo se le caía: La regadera, el ojo, las tetas hasta el suelo…

La comisaria Gabriela tuvo un ligero problema con la bebida hacía ya bastantes años (Todo lo ligero que podría considerarse el haberse emborrachado tanto en una noche loca como para acabar casándose con un travesti vietnamita en un viajecito a Las Vegas. Afortunadamente para ella, el travesti se enamoró pronto de un entrenador de aves exóticas y le concedió el divorcio) y no tenía muy claro si lo que estaba viviendo en esos momentos era fruto de las secuelas que posiblemente le habían quedado.

– N-no era esa mi intención – Trató de disculparse Manolo que estaba lo más alejado posible de Eduvigis para evitar que la mujer lo estrangulara o mordiera como había intentado hacía apenas unos momentos – Ya les he explicado que me habían robado y yo corría persiguiendo a los ladrones cuando se cruzó ella y…

– Si, nos hacemos cargo – Dijo la comisaria repasando mentalmente el también disparatado argumento que el anciano les había intentado contar poco antes de que Eduvigis comenzara a gritar y lo interrumpiera.

– ¡No le hagan caso! – Vociferó de nuevo la enana – ¡Me conozco muy bien a los tipos de su calaña! ¡ES UN OBSESO VIOLA TUERTAS!

Gabriela, viendo claramente que la mujer no tenía intención alguna de calmarse, pues ya se abalanzaba de nuevo sobre Manolo dispuesta a dejarle la cara como un cromo, le dijo a Bernardo que sería mejor llevársela a otra oficina para tramitar la pertinente denuncia.

– ¿Y con este qué hacemos? ¿Lo meto en los calabozos? – Preguntó el policía.

– Como lo encerremos en las celdas con eso que lleva entre las piernas, va a hacer ‘amigos’ muy pronto… Igual podríamos usarlo de perchero…

– Señora, por favor, no se burle, que bastante tengo con lo que tengo… – Pidió lastimoso Manolo.

– Tiene razón, perdóneme. Bernardo, aproveche y llame al doctor Sigüenza.

– ¿Al veterinario?

– Si, probablemente sólo él sea capaz de hacer algo con esa erección de caballo…

***

Yyyyyy… (Redoble de tambores) mi querida Getzsemane será la encargada de continuar esta peculiar historia ;P

“El Retonnno”

– ¡Volvemos! 😀

¿Ehhh?… ¿Quién vuelve?

– Pues tú y yo, los dos, gato despistado!

– ¿Ya se han terminado las vacaciones?

Emmm… Creo que terminaron hace bastante tiempo pero… somos un tanto remolones… ¬_¬º

– Es que uno se acostumbra muy pronto a lo bueno.

– Pues si, pero ya iba siendo hora de ponerse a trabajar, ¿No te parece?

Jooo… Nooo… Déjame descansar un poquito más… Porfisss…

– No…  No me pongas caras… ¡Eso es hacer trampa!

Miaaaaaaaauuuu… 😦

– Es que cuando te me pones así… Yo no… Aysss… Bueeeeeno… Vaaaaale… ¡¡¡Pero sólo hasta el próximo Miércoles o nos linchan!!!

Pfff… Si no lo han hecho todavía…

– Desde luego… Tú siempre haciendo amigos, eh? ò_ó