“CON CAPAS Y A LO LOCO” (Una historia de superhéroes, supervillanos y tontadas varias) Primera parte de unas cuantas partes.

La entrada al comercio se encontraba abarrotada debido al inicio oficial de las rebajas. Miles de mujeres (Y algún que otro hombre que se había metido sin querer dentro del gentío y ya no sabía cómo salir de él) hacían cola para cuando se abrieran las puertas del lugar. Entre todas esas personas se encontraba Otilia. Tenía unos cincuenta años y era poseedora de lo que bien podría denominarse, siendo generosos, como una ‘Belleza distraída’ (O quizá ‘Atentado estético en toda regla’). Cualquier persona que se hubiera fijado en ella una sola vez, se lo pensaría mucho antes de volver a mirarla una segunda. Con un susto al día ya bastaba. De hecho, hasta sobraba. El peinado de la mujer era un verdadero prodigio de la ingeniería más disparatada. Era prácticamente imposible que todos esos rizos aparecieran sin orden ni concierto sobre su cabeza sin ser algo premeditado. Hasta el pelo de un recién levantado tras una noche particularmente difícil sentiría vergüenza de amanecer así. Sus gafas, con unos enormes cristales de aumento que harían palidecer de envidia al mayor telescopio del mejor observatorio astronómico, y su tremendamente desgarbada figura, le conferían el aspecto de una Mantis Religiosa a punto de merendarse al macho aunque, sin duda alguna, en este caso era la hembra la que iba perdiendo ostentosamente la batalla (Seguro que pensaréis que estoy siendo demasiado frívolo al describirla y me diréis eso de que ‘La belleza se encuentra en el interior’ pero yo no le he visto los huesos a Otilia así que no puedo opinar). El caso es que nuestra adorable cincuentona estaba conversando animadamente con alguien que había conocido esperando a que abrieran.

– …Y yo, muy digna, le dije a mi jefe que me había hecho una marranada, que tras 35 años trabajando como secretaria en la empresa no era plan que todo terminase así. Pedí una buena indemnización, desde luego. Prejubilada a causa de mi vista deficiente, que estaba cegata, me dijo. ¡Yo no tengo mala vista! Mis ojos están perfectamente. Llevo gafas porque me cuesta enfocar un poco pero eso es todo. Tampoco es algo alarmante…

– Señora,… disculpe,…– Una joven que estaba inmediatamente después de Otilia en la fila y que (Inexplicablemente) llevaba un buen rato observándola sin caer presa del pánico, le tocó el hombro para llamar su atención. – ¿A quién le habla?.

– Pues a esta chica tan simpática, querida. – Dijo Otilia señalando inocentemente frente a ella.

La joven miró hacia el lugar, miró luego a Otilia, volvió a mirar extrañada al lugar indicado y finalmente giró de nuevo su vista sobre Otilia.

– Señora… P-pero si eso es un póster de dos metros de Meg Ryan anunciando las rebajas

– Oh… Vaya… Ya decía yo que la notaba algo cabezona…

En ese momento las puertas se abrieron. Las mujeres irrumpieron a tropel en el comercio como una jauría de galgos persiguiendo al conejo del consumismo. La estampida pilló desprevenida a Otilia quien, a causa de la fuerza centrífuga, terminó girando sobre sus pies en una pirueta digna de David Bisbal.

– Uy, qué mareos… y no me he traído la Biodramina conmigo… Aysss… Qué malica me he puesto en un momentillo de nada…

Otilia pasó de su rosado color carne habitual al verde en cuestión de segundos pero logró recuperarse y entrar sin tambalearse demasiado en la tienda aunque, desorientada, confundió el baño de señoras con la planta de ropa. Ni siquiera se dio cuenta de su error cuando intentó probarse un lavabo y vio que no le cabía.

–  No se moleste, Señorita – Le dijo a su propio reflejo en el espejo pensando que era una dependienta – Creo que no es de mi talla y, además, el tejido es muy recio. Casi mejor que lo dejo y me voy a mirar otras cosas.

Otilia consiguió salir del baño y finalmente encontró la sección de ropa. Cuando estaba a punto de coger una chaquetilla torera que le había gustado (A pesar de que en realidad eran unas bermudas estampadas), una inesperada explosión sacudió la tienda. En medio de la espesa nube de humo que se había generado aparecieron unas tenebrosas figuras. Los guardas de seguridad del local corrieron hacia ellas, pistola en mano, a ver qué pasaba pero unas veloces manchas negras salieron del humo y los derribaron antes de que pudieran hacer nada, siendo desarmados y maniatados en cuestión de segundos. ¡El comercio estaba siendo atacado por ninjas! (¡Hala! ¿Qué interesante se está poniendo esto de repente, no?). La tienda se llenó de gritos histéricos.

– ¡SILENCIO! – La atronadora voz provenía del centro mismo del humo.

Todas las cabezas de los presentes se volvieron a mirar impactadas.

Uno de los ninjas, cámara de vídeo en ristre, comenzó a grabar la escena apuntando a la voz.

– ¡Acción! – Gritó el ninja.

Un hombre calvo y grueso, de gesto severo, vestido como un científico loco (O como un dentista, que igual eso os da más miedo) y con el dibujo de media calavera roja pintada en la parte derecha de su cara y luciendo un monóculo en su ojo izquierdo y basta ya de describirlo, emergió del humo haciendo una fascinante entrada teatral. Alzó el potente altavoz que llevaba en su enguantada mano derecha y, colocándoselo frente a la boca, se dirigió a su obligado público.

– Buenos días, damas y caballeros, mi nombre es Doctor Monóculo y esto es un secuestro ¡COJ-COJ!… – Tosió – ¡Maldito humo!, ¡Cómo se mete en los pulmones el jodío! ¡COJ!

(Continuará… Si… Probablemente…)

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