Sexo en la consulta.

Basado en hechos reales (Convenientemente adornados)

¿Os habéis planteado alguna vez que l@s médicos te conceden una cita sin necesidad de habértelo trabajado antes? ¡No me digáis que eso no es genial! Que tú te pegas media vida en la discoteca intentando ligar con la morenaza de la barra, encogiendo tripa y mostrando la más seductora de tus sonrisas y cuando le sueltas eso de ‘¿Estudias o trabajas?’ te mira como si fueras un apestado. Pero los médicos no son así. A una médico le dices que tienes flemas o un tic en el ojo y te da una cita para el Lunes siguiente. Y sin haberla invitado a una copa ni nada. Más sencillo imposible.

Claro que los médicos tienen sus manías. Normalmente cuando vas a conocer a alguien quedas en un restaurante o, si resulta que vas a su casa, le llevas una botella de vino para endulzar la velada, sin embargo l@s médicos te dicen que les traigas un frasco con orina (Que no sé yo pero me parece a mi que con una lubina al horno no combina demasiado bien). El caso es que te da hasta instrucciones: debe ser la primera orina de la mañana y has de venir a la consulta en ayunas. A ver, a las mujeres se les llena la boca diciendo que los tíos no sabemos apuntar al váter y que lo echamos todo fuera de la taza y luego resulta que la doctora nos pide que hagamos diana en un minúsculo frasquito?. Ojo, que la operación se complica si, encima, te levantas con la ‘tienda de campaña’ puesta, que tienes a la amiga de abajo en posición de firmes como en la mili y mirando directamente al sol. ¿Tú te crees que es fácil acertar en esas condiciones?.

Salvado con dignidad ese escollo me encamino a la ansiada cita, que ya se va acercando la hora. ¡Qué nervios! Llego puntual al lugar y eso está lleno de gente, todos preparados con sus correspondientes frasquitos, aunque también hay quien no se trae los deberes hechos de casa:

– Señorita, deme un frasco de esos y dígame rápido dónde está el baño, que llevo desde que me he despertado sin mear y como no me de prisa en evacuar lo mismo tiene que ir llamando a Noé para construir el Arca de nuevo.

De repente escucho mi nombre y me dirijo a la puerta indicada. Nada más abrirla me encuentro con alguien elegante, de gran atractivo y profundos ojos. Dejo de mirarme en el espejo que había frente a mi y me vuelvo para entablar conversación con la doctora, frasquito de orina en mano.

– Perdona, – me disculpo algo avergonzado – normalmente cuando quedo con alguien por primera vez no le doy una muestra de orina. Soy más de saludar y dar dos besos en las mejillas.

– Tranquilo, – sonríe ella – yo luego te voy a pedir que te desnudes.

¡¡OSSSSSSSSS-TIA!! – Pienso mientras oigo en mi cabeza un coro gospel cantando el Aleluya.

Entonces la doctora cachonda me dice que me siente y que me suba la manga de la camisa.

– Será tímida (Que no lo parece) y querrá que nos desvistamos poco a poco – imagino yo inocentemente.

El caso es que se pone a observarme y a tocarme el brazo compulsivamente, como buscando algo. Primero acerca la lupa, luego los prismáticos, el catalejo…

– ¡Por fin! ¡Ya te he encontrado las venas! – exclama aliviada.

¡Y va la tía y me mete una aguja en el brazo para sacarme sangre! ¡Pues vaya chasco! ¡¡Yo pensaba que el que iba a meter y a sacar en esta historia era yo!! Ò_Ó

– ¿Estás bien? – Me pregunta mientras me drena como un vampiro.

La miro con indiferencia, como si la cosa no fuera conmigo, y asiento apaciblemente. Estoy a punto de decirle que el rollo Sadomaso no me va mucho pero escojo callarme, no vaya ser que se enfade y decida graparme un huevo a la silla o algo peor. Que estas Dominatrix son muy raritas Ô_o

Luego me mete en una cabina insonorizada al exterior en donde hay que ponerse unos cascos para escuchar alternativamente por los oídos derecho e izquierdo diversos pitidos. A mi, salvo por el tema de los sonidos, me recordaba al confesionario de Gran Hermano, que estás dentro y te entran unas ganas tremendas de nominar a la gente. Creo que el director del hospital se esconde ahí para planear los despidos.

Soy consciente de que en el acto amatorio hay que prestar atención a los preliminares pero esos preliminares me estaban resultando demasiado extraños.

En esas que la doctora pronuncia las palabras mágicas:

– Quítate la camisa y túmbate en la camilla.

(Vuelve a pasearse por mi imaginación el coro gospel, esta vez acompañado por un conjunto de animadoras que agitan emocionadas sus pompones al compás de la canción) 😀

La verdad es que la cama era muy estrecha, realmente ahí sólo cabía una persona pero la base del ‘asunto’ es ponerse encima o debajo así que no parecía que hubiera mucho problema.

La doctora me dice que me va a hacer un electrocardiograma. A mi me seduce más el 69 pero estoy abierto a probar cosas nuevas. Ella empieza a refrotarme un gel frío y aceitoso por el pecho. (Que me dio por pensar que en medio del ‘meneíto’ igual nos escurríamos con el aceite y acabábamos sobre la lámpara del techo, pero ahora que se decidía a acariciarme no me iba a poner yo con remilgos). Luego me coloca una especie de monedas blancas encima de pecho y vientre que acaban en un cable que hacían que me pareciera a un tablero de damas o ajedrez futurista. Yo ya estaba esperando impaciente las fichas negras para empezar la partida pero de improvisto se pone a quitarme las blancas, que con el gel debían haberse agarrado como lapas a mi piel, y me depila media teta en el proceso de extirpación.

En ese punto llego a una conclusión clara y meridiana y es que hay algo que no se puede negar: Joder si que me está jodiendo… ¡¡Y de qué manera!! 😦

Total que tras varias pruebas más que me dejan la libido por los suelos, la doctora me dice que me vista y que ya puedo irme a mi casa.

¡Pero bueno! ¡¿Es que no me va a dar al menos una piruleta?!

Dicen las madres que salir con un médico está bien porque es un ‘buen partido’, yo, tras mi experiencia, no sé si lo tengo tan claro.

Además me he quedado con la duda de si mi orina era gran reserva o más bien tipo vino de mesa

(En realidad la doctora me trató muy bien y me dijo que estaba clínicamente vivo y bastante sano, con lo que me dejó muy ‘satisfecho’ ;P)