Sexo en la consulta.

Basado en hechos reales (Convenientemente adornados)

¿Os habéis planteado alguna vez que l@s médicos te conceden una cita sin necesidad de habértelo trabajado antes? ¡No me digáis que eso no es genial! Que tú te pegas media vida en la discoteca intentando ligar con la morenaza de la barra, encogiendo tripa y mostrando la más seductora de tus sonrisas y cuando le sueltas eso de ‘¿Estudias o trabajas?’ te mira como si fueras un apestado. Pero los médicos no son así. A una médico le dices que tienes flemas o un tic en el ojo y te da una cita para el Lunes siguiente. Y sin haberla invitado a una copa ni nada. Más sencillo imposible.

Claro que los médicos tienen sus manías. Normalmente cuando vas a conocer a alguien quedas en un restaurante o, si resulta que vas a su casa, le llevas una botella de vino para endulzar la velada, sin embargo l@s médicos te dicen que les traigas un frasco con orina (Que no sé yo pero me parece a mi que con una lubina al horno no combina demasiado bien). El caso es que te da hasta instrucciones: debe ser la primera orina de la mañana y has de venir a la consulta en ayunas. A ver, a las mujeres se les llena la boca diciendo que los tíos no sabemos apuntar al váter y que lo echamos todo fuera de la taza y luego resulta que la doctora nos pide que hagamos diana en un minúsculo frasquito?. Ojo, que la operación se complica si, encima, te levantas con la ‘tienda de campaña’ puesta, que tienes a la amiga de abajo en posición de firmes como en la mili y mirando directamente al sol. ¿Tú te crees que es fácil acertar en esas condiciones?.

Salvado con dignidad ese escollo me encamino a la ansiada cita, que ya se va acercando la hora. ¡Qué nervios! Llego puntual al lugar y eso está lleno de gente, todos preparados con sus correspondientes frasquitos, aunque también hay quien no se trae los deberes hechos de casa:

– Señorita, deme un frasco de esos y dígame rápido dónde está el baño, que llevo desde que me he despertado sin mear y como no me de prisa en evacuar lo mismo tiene que ir llamando a Noé para construir el Arca de nuevo.

De repente escucho mi nombre y me dirijo a la puerta indicada. Nada más abrirla me encuentro con alguien elegante, de gran atractivo y profundos ojos. Dejo de mirarme en el espejo que había frente a mi y me vuelvo para entablar conversación con la doctora, frasquito de orina en mano.

– Perdona, – me disculpo algo avergonzado – normalmente cuando quedo con alguien por primera vez no le doy una muestra de orina. Soy más de saludar y dar dos besos en las mejillas.

– Tranquilo, – sonríe ella – yo luego te voy a pedir que te desnudes.

¡¡OSSSSSSSSS-TIA!! – Pienso mientras oigo en mi cabeza un coro gospel cantando el Aleluya.

Entonces la doctora cachonda me dice que me siente y que me suba la manga de la camisa.

– Será tímida (Que no lo parece) y querrá que nos desvistamos poco a poco – imagino yo inocentemente.

El caso es que se pone a observarme y a tocarme el brazo compulsivamente, como buscando algo. Primero acerca la lupa, luego los prismáticos, el catalejo…

– ¡Por fin! ¡Ya te he encontrado las venas! – exclama aliviada.

¡Y va la tía y me mete una aguja en el brazo para sacarme sangre! ¡Pues vaya chasco! ¡¡Yo pensaba que el que iba a meter y a sacar en esta historia era yo!! Ò_Ó

– ¿Estás bien? – Me pregunta mientras me drena como un vampiro.

La miro con indiferencia, como si la cosa no fuera conmigo, y asiento apaciblemente. Estoy a punto de decirle que el rollo Sadomaso no me va mucho pero escojo callarme, no vaya ser que se enfade y decida graparme un huevo a la silla o algo peor. Que estas Dominatrix son muy raritas Ô_o

Luego me mete en una cabina insonorizada al exterior en donde hay que ponerse unos cascos para escuchar alternativamente por los oídos derecho e izquierdo diversos pitidos. A mi, salvo por el tema de los sonidos, me recordaba al confesionario de Gran Hermano, que estás dentro y te entran unas ganas tremendas de nominar a la gente. Creo que el director del hospital se esconde ahí para planear los despidos.

Soy consciente de que en el acto amatorio hay que prestar atención a los preliminares pero esos preliminares me estaban resultando demasiado extraños.

En esas que la doctora pronuncia las palabras mágicas:

– Quítate la camisa y túmbate en la camilla.

(Vuelve a pasearse por mi imaginación el coro gospel, esta vez acompañado por un conjunto de animadoras que agitan emocionadas sus pompones al compás de la canción) 😀

La verdad es que la cama era muy estrecha, realmente ahí sólo cabía una persona pero la base del ‘asunto’ es ponerse encima o debajo así que no parecía que hubiera mucho problema.

La doctora me dice que me va a hacer un electrocardiograma. A mi me seduce más el 69 pero estoy abierto a probar cosas nuevas. Ella empieza a refrotarme un gel frío y aceitoso por el pecho. (Que me dio por pensar que en medio del ‘meneíto’ igual nos escurríamos con el aceite y acabábamos sobre la lámpara del techo, pero ahora que se decidía a acariciarme no me iba a poner yo con remilgos). Luego me coloca una especie de monedas blancas encima de pecho y vientre que acaban en un cable que hacían que me pareciera a un tablero de damas o ajedrez futurista. Yo ya estaba esperando impaciente las fichas negras para empezar la partida pero de improvisto se pone a quitarme las blancas, que con el gel debían haberse agarrado como lapas a mi piel, y me depila media teta en el proceso de extirpación.

En ese punto llego a una conclusión clara y meridiana y es que hay algo que no se puede negar: Joder si que me está jodiendo… ¡¡Y de qué manera!! 😦

Total que tras varias pruebas más que me dejan la libido por los suelos, la doctora me dice que me vista y que ya puedo irme a mi casa.

¡Pero bueno! ¡¿Es que no me va a dar al menos una piruleta?!

Dicen las madres que salir con un médico está bien porque es un ‘buen partido’, yo, tras mi experiencia, no sé si lo tengo tan claro.

Además me he quedado con la duda de si mi orina era gran reserva o más bien tipo vino de mesa

(En realidad la doctora me trató muy bien y me dijo que estaba clínicamente vivo y bastante sano, con lo que me dejó muy ‘satisfecho’ ;P)

¡Tierra trágame!

Esta expresión se suele emplear cuando sucede algo que desearíamos que no hubiera tenido lugar. La historia que os voy a contar es digna merecedora de un sonoro ¡Tierra trágame!, al menos seguro que fue eso lo primero que pensó la protagonista del relato.

Viajar en autobús en ocasiones puede convertirse en una experiencia bien curiosa y yo viajo en el bus urbano todos los días para ir al trabajo ya que se encuentra lejos de mi casa y no tengo coche. Normalmente suelo ir leyendo un libro, inmerso en las aventuras de sus personajes y sin hacer mucho caso a lo que me rodea porque por lo general no suele ocurrir nada extraordinario pero siempre hay algún momento en que desvías la mirada de la lectura y descubres algo que te llama la atención: como aquel día que vi por la ventana a un señor todo trajeado con pinta de millonetis, conduciendo su cochazo con una sola mano y con la otra metiéndose un dedo en la nariz con tal interés que parecía que se estaba rascando el cerebro. Pero eso no fue nada comparado con lo que le ocurrió a Mary la Rapera.

¿Que quién es Mary la Rapera? Pues una muchacha que viajaba en el autobús y a la que yo bauticé así tras fijarme en las pintas que llevaba. Era una chica de unos diecimuchos o ventipocos años que parecía que se había tragado a Eminem para desayunar y se había quedado con su ropa. Mary estaba de pie dale que te pego al móvil, hablando sin parar supongo que con otra muchacha de su edad a la que denominaba ‘tía’ y que la escuchaba al otro lado del teléfono. Le estaba contando unas historias de amplio contenido intelectual basadas en lo mal que al parecer se llevaban un tal Johnny (Lo que viene siendo el ‘Juanillo’ castizo de toda la vida) y un tal Maikel al que, a la vista de cómo hablaban de él, más le valdría entrar en un programa de testigos protegidos, cambiar de identidad y mudarse pronto de ciudad.

– Ya, tía, pero es que el Johnny es un bocas y, por mucho que diga, no tiene cojones de pillar al Maikel un día y darle de hostias como se merece. A ver si se decide pronto y lo manda al hospital de una puta vez.

Como podéis comprobar, Mary era, ante todo y sobre todo, muy discreta hablando, así que nos tenía a todo el autobús pendientes de su conversación no tanto por una cuestión de inclinación hacia el cotilleo de los allí presentes sino por el hecho de que era prácticamente la única que hablaba y además bien alto, sin consideración alguna hacia el resto de pasajeros, taladrándonos los oídos con su incesante verborrea. Yo imagino que semejante espécimen humano había nacido en el Bronx neoyorquino y nos la habían traído a España por correo certificado tratando de librarse de ella. Su interlocutora, la ‘tía’, o se había caído muerta en el sitio escuchándola o era muy parca en palabras porque Mary la Rapera apenas hacía pausas en su conversación-monólogo. En los escasos segundos en que Mary no hablaba se entretenía masticando un chicle, ‘amasándolo’ tanto con los dientes que parecía que luego lo iba a hornear para hacer magdalenas de goma. Fue entonces cuando llegué a la conclusión de que sus mandíbulas no tardarían mucho en concertar una cita con los sindicatos obreros para pedir un aumento de sueldo debido al agotador trabajo al que Mary la Rapera las sometía.

El caso es que justo enfrente de Mary se sentaba una señora de mediana edad y con el pelo cardado que aparentaba ir tan tranquila en el autobús disfrutando del trayecto pero, al parecer, no era así pues algo maligno se estaba fraguando en su interior y ese algo salió expulsado inesperadamente por su boca en forma de vómito (La mujer llevaba un tremendo mareo encima), regando ampliamente el pantalón de Mary la Rapera a quien todavía no logro entender cómo no se le cayó el chicle de la boca de la impresión.

– ¡¡JO-DER!!… Tía, qué fuerte, no te vas a creer lo que me ha pasado… ¡Me han vomitado encima!… Tengo que colgar – Le dijo Mary la Rapera entre sorprendida y enfadada a su amiga la ‘tía’ (A quien me hubiera encantado haberle podido ver la expresión de la cara mientras oía esas palabras). Y después de un breve momento de gritos, tensión y recriminaciones, Mary ya no abrió más la boca. A partir de entonces y hasta que llegó a su parada se mantuvo completamente en silencio (Temerosa tal vez de que la del cardado la atacase con sus efluvios corporales nuevamente pues aún estaba a tiempo de lanzarle un escupitajo al ojo para rematar la faena), entretenida con un amasijo de cleenex en las manos, tratando de limpiarse ‘el regalo’ que le había dejado encima la señora.

Desde luego hay que reconocer que como método para hacer callar a la gente es efectivo pero no todos los autobuses cuentan con una oportuna señora vomitona en su interior y sin embargo si que es probable encontrarse a más de un pasajero pesado.

¡Que nos van a dar las uvas!…

31 de Diciembre y otro año que se despide.

Hay quien aprovecha para reflexionar sobre el año que dejamos pero yo he decidido recordar algunos momentos vividos en otras nocheviejas y tratar de dar respuesta a esas cuestiones tan extrañas que siempre me inquietan.

Como siempre (Bueno, desde hace unos años), la tarde del 31, aparte de ejercer de pinche de cocina de mi señora madre, soy el catador oficial de los alimentos que vamos a ingerir esa misma noche (Este último puesto me lo he adjudicado yo, no por glotonería, qué vaaaaa…, sino por evitarle a mi madre el tener que probar ella misma todas sus sabrosas comidas que eso es mucho trabajo pa uno solo… Ejem…).

Muy posiblemente nos pondremos a hacer unas riquísimas trufas caseras de chocolate para tomar como postre en la comida del día 1, que tienen el don de la invisibilidad pues, nada más que se ponen en la mesa desaparecen que da gusto ;P

Lo mejor de todo, aparte de comerlas es la elaboración de las mismas con la mantequilla, la leche condensada, el chocolate de cobertura, las virutas de chocolate y el licor… Ay, el licor, que siempre nos depara una curiosa escena navideña que se repite año tras año:

Mi señora madre está toda feliz echando licorcito a la masa de las trufas y, en determinado momento, cuando ella ya cree que ha echado suficiente, dice:

– Uy, me parece que estoy echando demasiado

A lo que yo contesto siempre:

– Y… ¿Qué tal si vuelves la botella hacia arriba, mamá? XD

El primer fin de año que recuerdo fue uno de los años 80 cuando yo era un joven e inocente muchachito. Estábamos en casa de mis abuelos y apareció por la tele la cantante bizca italiana Sabrina Salerno. Cantaba en playback su única canción conocida (Boys, boys, boys) embutida en un corsé blanco que dejaba poco lugar a la imaginación. Se movía dando unos saltitos que más bien parecían las contorsiones de una epiléptica y, claro, teniendo un busto generoso y con semejantes aspavientos pasó lo que tenía que pasar. Se le salió una.

¡Zas! ¡La teta encima de mis langostinos!… (Que no es por quejarme pero fue un poco violento. Nadie nos había presentado).

¡Esa es otra! ¡Hay que joderse con los langostinos! La de trabajo que llevan para acabar no comiéndote apenas nada.

* ¿Que te los pelas a mano?

Acabas todo pringoso y con el plato lleno de cáscaras.

* ¿Que vas de ‘finolis’ y quieres usar cuchillo y tenedor para comerlos?

Eso parece una obra de ingeniería.

Y, digo yo, no podían venir los langostinos de fábrica con velcro?

Sería mucho menos complicado, dónde va a parar

Plato, postplato, recontraplato…

La cena se transforma en un proceso más largo que el del piropo de un tartamudo. Los jugos gástricos todavía no han digerido el cordero que nos zampamos el día de Navidad y ya estamos dándoles marcha otra vez. Venga a comer y a comer y a comer, que parece que nos estemos cebando para la matanza. Luego, entramos al baño a liberar equipaje y lo tenemos ahí, en un rinconcito, asustao. El váter no sale de su asombro y es que, cuando le enseñamos el lugar por donde el sol no entra, al pobre le da un patatús. Menudo regalo de navidad que le damos. Es un oficio muy duro eso de ser váter y no está para nada reconocido.

Las uvas también llevan su liturgia, no os creáis. Lo primero es elegir las más pequeñas que si no, no hay manera de tragarlas. Hay quien les quita la piel, yo no, pero si que les quito las pepitas no vaya a ser que un buen día me germine una y me crezca un racimo de uvas en mitad del estómago y casi mejor que no, que el vino se me sube enseguida a la cabeza y ya me veo todo el día borracho.

Lo que siempre sucede es que mi señora madre empieza a comérselas nada más que aparecen los presentadores en La Puerta del Sol porque dice que si no, no le da tiempo y yo, que me siento a su lado en la mesa, me entretengo quitándoselas para que no pueda comérselas hasta que no llega la hora.

Como siempre estamos distraídos con nuestra particular batalla de Nochevieja, el reloj empieza a dar los cuartos y a lo que nos queremos dar cuenta ya lleva varias campanadas y terminamos metiéndonos las uvas a presión, llenándonos la boca como una ardilla y sin poder tragar ni una. A mi me entra siempre la risa floja y, en el momento menos sexy de toda mi vida, acabo el año sin haberme comido todas las uvas y chorreando jugo como un perro rabioso. ¡Pero las risas que me echo no me las quita nadie!, así que espero que a vosotr@s os pase lo mismo y comencéis 2008 con una sonrisa en la cara. 😀

¡¡¡QUE TENGÁIS UN MUY FELIZ AÑO!!!

Jou Jou Jou :D

Ahhhh… La Navidad… Con sus lucecitas de colores, el turrón, el reencuentro con la familia, los Papá Noel… Si, si, LOS Papá Noel y es que por mucho que por estas tierras seamos más de los Reyes Magos de Oriente, que son tres, Papá Noel, aun siendo uno, parece una plaga y termina convirtiéndose en legión.

Aunque yo no debería decir esto muy alto porque…

Esperad que compruebo que no me oye nadie más que vosotr@s…

Ajá…

Ahora puedo decirlo…

Yo…

He sido Papá Noel.

Y por dos años consecutivos…

Si, lo sé…

Pero aclaro que fue por una buena causa.

Estuve colaborando con la Asociación Española Contra el Cáncer ejerciendo de Papá Noel en una céntrica plaza de Zaragoza en donde se celebraba un mercadillo navideño para recaudar fondos. Había un montón de puestos en donde se vendían guirnaldas que las voluntarias habían hecho durante todo el año, belenes, artículos de regalo, pastelería, juguetes… Y otros tres compañeros y yo (El año pasado éramos dos parejas de chico y chica; este año el único chico era yo) estábamos dando vueltas por la plaza divirtiendo a los peques con caramelos y globos y alguna historia inventada que otra (Que los niños te preguntan de todo al ser Papá Noel y hay que hacer uso de la imaginación).

¡Y qué queréis que os diga pero los críos son la monda! 😀

O se asustan nada más que ven a un tipo regordete que parece una menstruación andante con barba blanca, o te recitan varias veces la lista de regalos que han pedido por si no te ha quedado clara (Que eso de que Papá Noel sea un viejales no ayuda precisamente a que confíen en su memoria) Hasta hay alguno que te abraza como si le fuera la vida en ello inundándote con una muestra de cariño que no esperabas y es complicado evitar que se te caiga la lagrimita.

Aysss… :___)

Los peores suelen ser los padres:

Deme el globito rosa para la niña, el azul no, el rosa, que el azul es para niños.

Que te entran ganas de preguntarle a la mujer si la niña es hija de un bote de tinta y una pluma por su obsesión con los coloritos (Siempre he pensado que es una tontada eso de la diferenciación del rosita y el azulito. A mi el rosa no me gusta porque no me gusta, no porque sea ‘de niñas’. Los colores no tienen sexo y si lo tienen… mejor pa ellos. ¡¡Que lo disfruten!!).

Hablando de colorines, Blanca BK (Una genial Ilustradora Zaragozana) y su simpática amiga Nuria hicieron un taller de Ilustración para los críos y yo estuve por allí merodeando junto con una compañera Mamá Noel y me llevé de regalo este dibujo que me hizo una cariñosa niña. 😀

Viví un momento muy surrealista al llegar los muchos nietos de la presidenta de la Asociación. Estaba yo en la otra punta de la plaza repartiendo globos cuando vinieron los dos chicos de seguridad que custodiaban el recinto y me dijeron que los acompañara. Me llevaron escoltado por el exterior de la plaza para que nadie me viera y llegase así a donde estaban los nietos sin interrupciones por el camino. Y allí me esperaban unos cuantos críos llamando a Papá Noel como si fueran fans adolescentes de David Bisbal en mitad de un concierto. Estuve a punto de ponerme a cantar el Ave María, Cuándo serás mía jejejejeje ;p

Así contado, el trabajo parece divertido, pero no está exento de riesgos.

El problema principal es la altura de los críos porque, cuando te metes dentro de una aglomeración de niños ávidos de globos y caramelos y todos quieren hablar contigo, siempre hay alguno que intenta reclamar tu atención por encima del resto así que te da ligeros golpecitos para que notes su presencia. Y claro que la notas, especialmente porque su mano sólo llega hasta ‘cierta’ altura y el puñetero niño te está dando ‘gol-pe-ci-tos’ en los ‘pendientes reales’. Y eso duele… ¡Mucho! (Que sepas, niño, que me voy a encargar personalmente de que tengas carbón este año! ò_ó).

Otro problema es que estás varios días saludando a todo peque que te pasa por delante y luego sucede que se te queda el gesto automatizado y, sin darte cuenta, cuando vas ‘de paisano’ paseando tranquilamente por la calle, les sonríes a los niños y los saludas como si tal cosa y claro, los padres te miran raro y van corriendo al juzgado a pedir una orden de alejamiento para ese tipo chungo que se merienda con los ojos a su inocente criaturaO_O

También ocurre que como la plaza tiene una enorme fuente central, cuando la encienden solo oyes el ruido del agua discurrir y había alguna que otra voluntaria, ya entrada en años, que hacía no pocas visitas al baño a causa de esto. Creo que perdió varios kilos, la pobre. XD

Y que el traje y la peluca dan un calor tremendo, y que luego te pica todo, y que los niños te llenan de mocos y babas… Pero son cosas sin importancia. En fin, que fue una experiencia muy bonita y el año que viene volveré a repetir. ¡Seguro!.

Papá Noel y mis renos:

Rudolph

Trueno

Rayo

Centella

y

Relámpago

Os deseamos

FELICES FIESTAS A TOD@S

Jou Jou Jou ;P

Por no molestar…

Esto ocurrió hace tiempo…

Noche de oscuridad cerrada en casa del nene. Pero oscuridad cerrada-cerrada. Muy cerrada (Por si no había quedado claro). El nene que da vueltas en la cama. Vueltas y más vueltas. Los ojos como platos. No consigo dormirme. ¡Qué fastidio! ¿Y ahora qué hago? ¿Me pongo a leer un libro? ¿A estas horas? Si es de madrugada… Casi que no me apetece. Me apetecería dormir pero como mi cuerpo se ha amotinado y no me deja pues…

Tengo la boca pastosa. Si es que encima duermo, cuando duermo, con la boca abierta… Bueno, voy a aprovechar para ir a la cocina y tomarme un vasito de agua. Así al menos me entretengo en algo. Uy, espera, que la familia está descansando. Mejor no enciendo las luces del pasillo que mis padres duermen con la puerta entreabierta y les podría desvelar. Total, si me conozco la casa como la palma de mi mano*. Me esperaré medio minuto quieto para que mis ojos se adapten a la falta de luz y luego iré tranquilito por el pasillo en forma de ”L” hasta el final en donde está la cocina. ¡Estará chupao! Y sin molestar a nadie.

¿Ves?, yo voy por aquí y mira, ahí acaba el armario empotrado por tanto he de seguir recto y…

¡¡¡CRONK!!! (Mi nariz, y por solidaridad toda mi cara, se estampa contra la pared).

¡¡¡Cagüentóloquesemeneacachohostiaquemehedao!!!

¡¿Quién ha puesto una pared ahí sin avisar?! ò_ó

El nene, humillado y dolorido, se vuelve al cuarto encabritado. Se mete en la cama, se tapa hasta las orejas y se olvida del agua y de la falta de sueño.

Yo creo que me debí quedar dormido gracias al golpe. La pared me dejó K.O…

Conclusiones a las que he llegado:

1 Tengo al enemigo en casa.

2La pared es una dura contrincante. Sabe defenderse de las caras que se le acercan.

3 La próxima vez, hasta las luces del rellano de la escalera que enciendo, ostiasyá! (O, en su defecto, palparé la pared para preservar mi integridad física… Ejem…)

* Nunca he comprendido esta expresión porque… A ver… ¿Alguien es capaz de dibujar las líneas de su mano sobre un papel sin mirarlas antes?

Granjero de ciudad.

Ya lo dicen por ahí: En esta vida hay que saber de todo y, para saber de todo, hay que hacer de todo.

Hasta de granjero.

Si, si, un urbanita como yo en medio de animales de granja y de corral. Fue en otro de esos curiosos encargos que se consiguen en las empresas de trabajo temporal ¬_¬

Estuve en la Feria de Muestras de Zaragoza ayudando en la preparación de la Fima Ganadera (Exposición de razas de distintos animales de granja y maquinaria especializada para el campo). Como lo de la maquinaria no tiene mucho interés, me centraré en hablaros de los animalitos.

Lo primero, en el interior de una enorme nave industrial, hubo que montar las jaulas para los animales con su respectivos comederos y bebederos, un trabajo ma-ra-vi-llo-so y ameno a más no poder que supuso estar algo más de una semana (Sábados incluídos) clavando clavos, ajustando tornillos y encajando piezas, amén de comprobar que mi compañero se escaqueaba a las primeras de cambio el tío jeta… Luego, hubo que llenar todas las jaulas de abundante paja para que los animales estuvieran como en el Ritz. Transcurrida la semana, y un día antes de la apertura al público, llegaron los animales para aclimatarse a su nuevo hábitat… y dar más de un quebradero de cabeza…

Al comienzo de la mañana vinieron las ovejas: varios rebaños completos hacinados en sendos camiones. Obviamente no iban a quedarse en medio de la nave sino que debían ir a las jaulas que se habían preparado y ahí empezó a complicarse el tema… Y es que las ovejas se escapaban, las condenadas.

Ahí estaba el pastor azuzando a los bichos con alaridos de ultratumba:

¡¡¡¡Riá-Pá-Pá-Páaaaaaaa!!!!

¡¡No me extraña que se asusten!! Menudos gritos…

Además, que los pastores ya pueden ser todo lo profesionales que quieran pero deben ser muy despistados porque mira que decirle Riá-pá a las ovejas cuando todo el mundo sabe que ellas solo dicen:

Beeeeeee…

¡Si es que no les hablan en su idioma! Y luego que las ovejas son bobas… Si, claro…

Sin conocimiento…

Y llegaron los gallos, las gallinas, los cerdos y las cabras

Qué decir de las cabras…

Pues que saltan…

¡¡Haber puesto caracoles y te ahorrabas ese problema!! Claro que los caracoles no tienen tanta carne y no dan leche. Que te pones a estrujarle una tetilla a un caracol y se te resbala. Todavía no se conoce el caso de nadie que haya logrado ordeñar a un caracol. Pero eso si, saltar no saltan… Al final, las cabras se acomodaron a su nuevo entorno, tanto que hasta vimos nacer a dos cabritillos; uno negrito como la noche y otro color canela que fueron la clara atracción de la Feria.

Y por último, las vacas (Animales a los que tenía cierta ojeriza gracias a la cantidad de tetrabricks de leche que tenía que reponer diariamente cuando trabajaba en un supermercado. De hecho, por aquel entonces deseaba fervorosamente que las vacas de la marca ‘El Castillo’ se despeñasen desde las almenas…).

Habían venido muchas vacas pero yo miraba y remiraba… y nada… La más famosa, la vaca morada de ‘Milka‘, no estaba. Igual se había quedado en Hollywood firmando contratos. Seguro que es una creída. Cuentan por ahí que se le ha subido la leche a la cabeza…

Tras la primera desilusión pensé en la segunda vaca más famosa: la de los quesitos de ‘La vaca que ríe‘. Una de las vacas me resultó muy similar a ella y yo venga que te venga a hacerle cosquillas pero no me regaló ni una triste sonrisa.

Como las vacas lecheras no daban mucho juego me fui a ver a las vacas de carne.

o_Ô

¡¡¡Jodó!!!

¡Qué bichos más enormes!

Tremendo tonelaje el de las amigas… Afortunadamente son muy apacibles porque te pilla una de esas por banda, se sienta encima tuyo y te quedas extra-fino, como las compresas.

Lo malo de las vacas es que no nacen con bolsillos y así pasa que las cosas se les caen… Por ejemplo los pedos. Y un pedo de vaca es cosa seria, que les sale con el graduado escolar lo menos… Todos huyendo a varios kilómetros del animal menos las moscas que estaban tan felices como en un día de vacaciones pagadas. Que esa es otra; menos mal que no hay carnet por puntos en el mundo de las moscas porque lo perderían. En el colegio nos explican que ‘la distancia más corta entre dos puntos es siempre la línea recta’, pues ese día las moscas faltaron a clase porque ninguna lo sabe… Mira que dan vueltas inútiles… Pero eso si, al culo de las vacas atinan a la primera oye. No necesitan ni GPS.

Y lo más curioso de todo fue encontrarme finalmente con una vaca famosa o, mejor dicho, con una vaca que se parecía a una famosa. Había un ejemplar de la raza Alistana Sanabresa toda negrita ella y con el pelo de la cabeza rubio que recordaba poderosamente a Tina Turner (Espero que la cantante no lea el blog…). Creo que hasta nos hicimos amigos porque, todos los días, cuando le llevaba el forraje, me saludaba con un armonioso:

Muuuuuuu…

Y no hubo nada más digno de mención… Que yo recuerde…

Ah, bueno, también tuvimos un ligero problemilla con dos toros bravos que no tenían cuidadores y a los organizadores se les pasó por alto dejarles agua cerca así que los animales, ni cortos ni perezosos, cuando ya no podían aguantar más la sed, arramplaron con la jaula desatornillándola del suelo a coces y empujones para salir en busca de bebida. Pero, como seguro que ya os he aburrido bastante, igual eso lo cuento otro día… ;P

Movida en las aulas.

Ahora que los profesores están de vacaciones voy a hablar de ellos (Así no me oyen) y de ciertos recuerdos que tengo de mi época de estudios.

* Siempre me acordaré de un día cuando era peque y estaba en clase de Francés. Se ha dicho en innumerables ocasiones que el Francés es un idioma muy bonito y muy romántico pero eso debe ser si no estás aprendiendo a pronunciar el número cuarenta y posteriores. Ahí estábamos con el cagandé y el cagantruá (Pura poesía) cuando, de improvisto, aparece el bedel en clase para entregarle unas llaves a la profesora, llevando en sus manos un rollo de papel de váter.

Ô_o

Eso si que es eficiencia.

El ataque general de risa no se hizo esperar. Y el pobre bedel sin saber a santo de qué venía semejante escandalera

* Ya había crecido un poco más (Era un pipiolo adolescente) y tenía como compañero de pupitre a un muchacho que se aprovechaba de la economía de letras a la hora de llamar a los profesores. Decía ‘sita’ en vez de señorita y ‘sor’ en vez de profesor (Que la saliva hay que gastarla cuando toca y no gastar por gastar). Pero claro, la cabecita juega malas pasadas y es que, si de jovencito pasas media vida con tus padres, la otra media la pasas en el colegio. Así ocurrió que cierto día cayó el infortunio sobre el muchacho y quiso el destino que al llamar a la señorita en cuestión (La profesora que más mala baba tenía de todo el instituto), sus labios no pronunciaran la palabra ‘sita’ como nos tenía acostumbrados sino que dijera inocentemente:

Mamá

Creo que nunca he visto a nadie confundirse más con un pupitre que en esos momentos. Parecía querer unirse con la madera y ser tragado por ella. Tremendo corte para el chico, mirada ojiplática y sanguinolenta de la profesora a la que le había salido un hijo secreto de repente Ò_Ó y deswebe general de la clase. Yo no podía parar de reír…

* Y… ¿Qué decir del despistado profesor de Literatura cuya materia tocaba después del recreo?. El típico profesor con gafitas redondas, cara de eterna expresión somnolienta y pinta de bohemio. Leía El Lazarillo de Tormes en voz alta para toda la clase y poco a poco las risas iban en aumento, hasta tal punto que el profesor llegó a exclamar sorprendido:

– ¡Vaya!… No creía que os iba a gustar tanto la obra.

Momento en el cual un servidor, que no sabe cuando conviene estarse calladito, le soltó de sopetón que en realidad la gente se reía porque:

– Llevas la bragueta abierta.

Y vestía pantalones negros y calzoncillo blanco con lo que eso parecía la luz de un faro en mitad de la más oscura noche. Se puso tan colorao como el vino que se estaba bebiendo el puñetero ciego en la novela.

* Pero si hay un profesor que me marcó en mi vida académica ese fue el de Física y Química. Yo, que eligí posteriormente Letras Puras, era un auténtico zote para todo lo que tuviera que ver con fórmulas y números así que básicamente convertía a los barcos de los problemas en submarinos, los trenes me descarrilaban sin control y los coches se me chocaban en una especie de fin del mundo no premeditado. Afortunadamente sacaba algo de nota porque le dibujaba unos barquitos la mar de majos. ;P El caso es que mi profesor tenía unas costumbres muy curiosas a la par que dignas de mención:

Solía rascarse la entrepierna (Creyendo que nadie le veía) escondiéndose tras el respaldo de una silla que no tapaba lo suficiente como para disimular sus continuos frotamientos.

Iba vestido siempre como si viviera en un capítulo de Corrupción en Miami, con cadenitas doradas y la camisa desabrochada, dejando al descubierto una pelambrera pecheril que se desplegaba en abanico y bien pudiera haberse usado como peluca para los Jackson Five. Lo cual daba miedo. Mucho, mucho miedo. ó_ò

Pero, por si todo eso no fuera bastante, el gachó tenía la costumbre de mojarse los dedos en saliva para poder pasar mejor las páginas del periódico. Eso no hubiera sido especialmente malo si no fuese porque al repartir las hojas de los exámenes hubo un momento en que no pudo separarlas y sepultó el pulgar entre sus labios para poder arrancar la hoja rebelde.

¿Y a quien le tocó quedarse con la hoja baboseada (Con burbujita incluída)?

¡Efectivamente!

A mí.

Momento en el cual me di cuenta, definitivamente y sin el menor atisbo de dudas, que si la Física y la Química no eran lo mío, mucho menos lo iban a ser con semejantes alicientes.

Ayyyss… Qué recuerdos de mis días de estudiante…

Para que luego digan que las clases son aburridas. 😀

Esos aparatos inventados en el Infierno.

No hace mucho, tuve que hacerme unas fotos de esas de carné para mi ficha del trabajo. Como me las tuve que hacer deprisa y corriendo, no pude ir tranquilamente a un estudio fotográfico en el que te iluminan que da gusto y sacan la mejor de tus caras (Que para eso pagas). No me quedó otro remedio que usar un Fotomatón.

Fotomatón. Terrible palabra. Si hasta el mismo nombre da yuyu: Foto-matón. ¿A qué mente perturbada se le ocurriría semejante denominación? Pero claro, luego utilizas el aparatejo en cuestión y lo entiendes todo. El nombre no puede estar mejor puesto.

Lo primero es tratar de descifrar en los anuncios del exterior de la máquina cual es la opción que necesitas, que siempre hay varias para complicarnos la vida, como esa en la que te ponen de fondo un paisaje de las pirámides egipcias y tienes que lograr encajar la cara dentro del dibujo de una momia (Se supone que es una foto graciosa pero vaya la gracia de que te llamen momia, así sin venir a cuento). Otra opción, también altamente apetecible, incluye un llavero para llevar tu foto dentro, que solo falta que te deje la posibilidad de apuntar la dirección de tu casa y, si un día pierdes las llaves, el señor ladrón al menos sabe a quien está robando y, con suerte, te deja unos céntimos en la mesilla del dormitorio porque te ha cogido cariño ya que te conoce de antes.

Una vez logrado salvar el escollo de la elección del tipo de foto, toca adentrarse en la dimensión desconocida: El interior de la máquina.

Por lo pronto, el Fotomatón no te da intimidad alguna. ¿Qué te separa de las miradas indiscretas? ¿Una simple cortinilla? Ni que hubiera que estudiar ingeniería para descorrer una cortina. ¡Amos, anda!. Eso no es seguro, hombre.

Luego siempre pasa lo mismo: La banqueta no está a tu altura. O el anterior inquilino del Fotomatón era Pau Gasol y te la ha dejao subida a la altura de los sobacos, o era una subespecie de la familia de Los Pitufos y tienes que pegarte varios minutos dándole vueltas para elevarla desde tu pantorrilla a donde debe estar para que te aposentes en condiciones.

Sueltas la pasta, eliges la opción y comienza el drama.

Y es que la voz de la ‘señorita’ de la máquina (Que ha debido tomar lengua para comer porque ¡Joer lo que casca!) no deja de decirte que te pongas guapo, que no tienes tiempo y que la máquina va a disparar la primera foto y más vale que te prepares. Comienza la cuenta atrás. (Eso parece el despegue del Challenger. 5… 4… 3…).

Uy, te has visto en el espejito un pelo fuera de sitio (Que hoy hace mucho viento y llevas unas pelanas todas tan llenas de caracolillos que pareces Marujita Díaz). Subes un momentito la mano para ponértelo donde toca y la máquina dispara el flash a traición (La muy cabrona). Total que en la foto que aparece en la pantalla parece que estés practicando un paso de Sevillanas. Y con el caracolillo a la virulé.

Obviamente esa foto no sirve, pero como te quedan dos opciones más no hay problema. Alguna ha de salir bien (O eso te crees tú).

El Fotomatón va a hacer la segunda foto. Te pones en posición y esperas. Y claro, como estamos en Primavera y la alergia flota en el ambiente, de repente tus narices se rebelan contra ti y empiezan a picarte. Sacas el cleenex deprisa y, milagrosamente, te da tiempo a sonarte. Todo solucionado. 3… 2…

ATCHÚUUUSSS!!!

Ay, madre!!! Acabas de regar la pantalla y no se ve nada!!! Hay que limpiar eso que si no la siguiente foto (Porque esta es inutilizable, claro está) va a parecer que te la hacen en el fondo del Mar.

Calma, calma, que queda una. Esta ha de salir bien por obligación (Y porque no queda otro remedio). Pero ni calma ni gaitas, tú ya estás en tensión pensando qué demonios va a pasarte ahora, así que tu ensayada sonrisa se desdibuja en medio de una mueca de preocupación.

Y Zas!

La foto.

Te miras atónito.

¡¡¡Pero, pero, pero…!!! ¿¿¿Quién es eseeee???

Y es que nunca nos reconocemos en las fotos. Es como cuando te oyes en una grabación: Tú jurarías que tienes una voz angelical, digna de los coros celestiales y resulta que suena más bien como el graznido de un cuervo con unas cuantas copitas de más. Yo sostengo la teoría de los antiguos que decían que las fotos capturaban el alma. Los Fotomatones deben capturar el alma pero van con retraso (Como los trenes) y mantienen en tus fotos el alma del anterior inquilino del Fotomatón y, evidentemente, el alma de un esquimal congoleño no se corresponde con la tuya ni por asomo.

Definitivamente no te queda más remedio que quedarte con la, igualmente terrible, tercera foto porque, pese a todo, es la más presentable. Eso si, juras y perjuras que jamás volverás a usar un Fotomatón en tu vida porque no hay derecho a tanta desgracia junta. Bueno, lo juras hasta la siguiente vez que te piden fotos y no tienes ninguna y, como te da pereza ir a un fotógrafo en condiciones (Que además cobra más), pues piensas: Total… Qué puede pasar???

¡Insensato!

Vale. Aceptamos pulpo como animal de compañía.

Hay gente que se siente sola y por eso se compra mascotas. Hay mascotas que hacen mucha compañía como los perros, los gatos, incluso los canarios, pero hay otras mascotas que lo único que hacen es… Estar ahí.

¡Vaya mierda de acompañamiento, oye!

Son lo que yo denomino ‘Sosomascotas’. Su característica más sobresaliente es que son aburridas.

* Los peces son unos animales muy bonitos pero completamente idiotas. Se pegan todo el día en el acuario yendo y viniendo de un lado a otro como zombis. Como si estuvieran haciendo la instrucción en el Servicio Militar:

Glu glu glu hacia la izquierda, Ar!
Glu glu glu media vuelta, Ar!
Glu glu glu hacia la derecha, Ar!

Y otra vez a empezar. Es como ver una lección continua de Coco en ‘Barrio Sésamo’ pero quitándole toda la gracia.

Mi padre tenía un acuario en su despacho lleno de pequeños pececitos de mil colores distintos y un buen día compró una pareja de peces de la especie Zanclus Cornutus, un tanto más grandes. De repente, en poco tiempo, empezaron a desaparecer pececitos. Digno caso de estudio para Sherlock Holmes… El más grande de los Cornutus (Que cada día estaba más grande y más Cornutus) se los estaba zampando cuando nadie miraba. Su voraz apetito había provocado un holocausto caníbal. Me lo imagino agazapado viendo pasar ‘su menú’ y escogiendo ‘plato’ mientras se preparaba para el ataque amparado en su envergadura.

Uy, el último bocadito me ha sentado un poco mal. A ver si me preparo un poco de bicarbonato para la digestión. Burp!

¿Veis? Ver eso si que hubiera sido interesante y no el perpetuo desfile de los ‘gluglús media vuelta, ar’…

* Todos sabemos que no se pueden llevar animales en los transportes públicos salvo que sean perros lazarillo o similar. Bueno, solo perros lazarillo… ¿Acaso alguien conoce algún ‘similar’?… Hasta ahora, que yo sepa, no se ha hablado de la existencia de un periquito lazarillo pero, si existiera, lo bueno sería que podrías manejarlo perfectamente tirando de la correa:

Eh, tú! Sooo! Ven p’aquí! Ande vas anublao?!

Tirón de correa y de vuelta a su lugar de origen. Como un yoyó.

El caso es que no puedes meter un animal cualquiera en un autobús pero eso no significa que no puedas saltarte las leyes y llevarlo a escondidas, claro que eso supone tener cuidado para que no lo descubran (Aunque hay gente que pasa de todo y lo mismo le da).

Ocurrió en un trayecto de Barcelona a Zaragoza. Estaba yo martirizándome involuntariamente los oídos con la desagradable cantinela que profería una muñeca que llevaba una chica en el asiento de atrás mío cuando, de improvisto, el conductor cogió el micrófono.

– ¿Qué pasará? – Pensaba yo – O se va a poner a cantar el Bulería-Bulería del Bisbal o hacemos una parada de descanso en la próxima Estación de Servicio por si alguien quiere estirar las piernas.

No nos cantó el Bulería-Bulería del Bisbal (Afortunadamente) ni paró el autobús para el esparcimiento de los pasajeros. Lo que ocurrió fue algo ‘ligeramente‘ más increíble:

El conductor llevó el micrófono a sus labios y, con una voz repleta de la más apabullante tranquilidad, se dirigió al respetable:

Señoras… Señores… Si alguno de ustedes ha extraviado una iguana, que venga a recogerla a la parte delantera del autobús que está viéndome como conduzco. Gracias.

Y, ante semejante revelación, todo el autobús con los ojos como platos. O_O

Claro, a su dueño se le escapó porque, por lo general, las iguanas se mueven menos que un peluche en una cama de velcro. ¿Para que vas a ponerte a vigilar eso?.

Nadie ha dicho hasta ahora:

Me voy a comprar una iguana porque son la alegría de la Huerta.

¡¡¡Si es que no se menean las jodías!!! Parecen estatuas. Curiosamente esta tenía alma viajera. Igual era prima de Gustavo la rana (El reportero más dicharachero de Barrio Sésamo) y estaba ayudándole a preparar su próximo reportaje y se había acercado hasta allí para tomar notas. Vete a saber…

Por otra parte… Hay que ver lo que tienen que sufrir los pobres conductores de autobús, eh?…

* Tampoco las tortugas se libran de ser animales aburridos. Mi hermano tuvo dos tortugas de agua. Las llamó Leo y Kate (Como los actores protagonistas de ‘Titanic‘). Nadie sabía si eran macho y hembra pero daba igual.

Como si estuviéramos reviviendo la película, Kate estaba más rolliza porque le quitaba la comida a Leo y, al final, el pobre de Leo la espichó (Igual que en la peli). El caso es que Kate vivía como una reina en su islita de plástico, con su palmerita y su piscina sin dar mal alguno pero más le valdría haber dado algo de bulla porque luego pasa lo que pasa, que el cuarto te empieza a oler como a curry y terminas cayendo en la cuenta que hace dos meses que no das de comer a la tortuga y se ha quedao tiesa como la mojama.

Fue un bonito funeral. 😦

¿Veis? Si es lo que yo os digo. Estas cosas ocurren porque son ‘Sosomascotas’. Si fueran más divertidas seguro que no les pasarían tantas desgracias.

Un poquito de ‘Porfavor’

Tengo una pareja de vecinos la mar de curiosos. Son lo más antisocial que he conocido en toda mi vida.

Ella es la típica persona que tiene cara de estar oliendo mierda todo el día. Así con la nariz arrugada y los ojos bien pequeñitos y achinados y él tiene pinta de bohemio despistado.

Rancia y Alelao, así los llamo yo.

Rancia debe ser sexadora de pollos porque si no, no logro entender el porqué de esa cara de perpetuo asco que tiene.

Alelao yo creo que es cazador, pero cazador de ‘Gamusinos’ y, como todavía no ha cazado ninguno, se le ha quedado esa expresión de estar buscando algo constantemente sin encontrarlo. Claro que también puede ser que ande buscando la Educación que se le ha perdido por alguna parte.

Siempre les saludo pero ellos jamás contestan. Nunca. Han llegado a girar la cara para mirarme como si hubieran oído un ruido extraño y, sin decir nada, volver a sus cosas como si nadie les hubiera hablado. De hecho, tengo la sospecha de que su perro es el único amable de la ‘familia’. Un día cuando salían a pasearlo y yo les saludé, el perro hasta me miró como pidiendo perdón por los dueños que le habían tocado en suerte.

No me extraña…

Tengo la esperanza de que, si van al Infierno, su condena sea estar saludando continuamente, sin parar y con la mayor amabilidad del mundo a todo el que pase a su lado.

¡Que se joroben los muy cabritos!

Sienta bien desahogarse… ;P

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