Entrevistando a Chesire (Porque él lo ha pedido)

Chesire, ese peculiar gato que me acompaña en la tarea de regentar este blog, ha insistido en que, como los dos trabajamos al unísono, ya va siendo hora de que lo conozcáis un poquito más (Que eso de ser el segundo de a bordo no lo lleva nada bien). Como no estoy yo como para que me maree más de lo necesario (Que ya lo hace… Y demasiado!), le he concedido su deseo en forma de entrevista. Además, según creo, quiere anunciar algo.

No había presupuesto para mucho y, aunque Chesire deseaba que le entrevistara Oprah Winfrey, al final ha tenido que ser un estudiante de periodismo quien lo hiciera y eso le ha cabreado bastante con lo que ha respondido a las preguntas algo enfurruñado (Incluso más que de costumbre). Creo que el becario se está pensando en estos momentos si terminar la carrera, el pobre, o dedicarse al macramé

– Buenos días.

– Buenas noches.

– ¿Eh?

– Esa letra me la conozco. Me sé todas las del abecedario.

Ô_o Bueno… Empecemos…

– Pues si. Así en algún momento u otro terminaremos.

– Hablemos un poquito de usted. ¿De dónde surgió la idea de crear un blog?.

– De donde surgen todas mis ideas: de la inconsciencia.

– ¿Cómo?.

– Si tiene hambre… No seré yo quien se lo impida, pero no eche migas al suelo que luego hay que barrer.

– No, no, me refería a… es igual… ¿No cree que contar en internet las cosas que le suceden es contraproducente? Es casi como desnudar el alma.

– Yo desnudo pierdo mucho. Principalmente pierdo la ropa. Además en este blog no sólo se habla de mí, la mayoría de las veces ni siquiera sé de qué estoy hablando.

– ¿Va a contestar alguna pregunta con un mínimo de lógica?.

– Para ello usted tendría que demostrar un máximo de talento haciendo las preguntas, pero no se preocupe, sé conformarme.

Ejem¬_¬ ¿Por qué llamó al blog: ‘La Sonrisa de Chesire’?

– En realidad ese no fue su primer nombre. Iba a llamarlo: ‘Me aprietan los calzoncillos, por eso tengo voz de pito’, pero me pareció un nombre demasiado largo y doloroso.

– º_º Emmm… Sigamos… ¿Cómo definiría su blog?

– Preferiblemente con palabras. Podría hacerlo con silbidos pero sería más complicado entenderlo.

– ¿Se cree usted gracioso?

– No especialmente pero, según tengo entendido, la gente hasta se ríe de algunas cosas que escribo. Ya ve usted qué grosería.

– Errr… Bueno, me han dicho que quería hacer un anuncio para los que le leen. ¿No es así?

– Cierto, cierto. Dentro de muy poquito (‘Muy poquito’ es un término relativo en este blog… ejem…) tendréis por aquí algunas páginas de cómic protagonizadas por mi. ¡Estad atentos! 😀

– Según mis informaciones Bram también va a salir en esas tiras cómicas.

– Si, la verdad es que insistió en ello y yo soy de corazón generoso. He aceptado generosamente todo el dinero que me ha pagado para poder aparecer como co-protagonista.

– ¡Vaya!

– ¿A dónde? Si aquí estamos tan a gustito…

– No, yo decía… Emm… ¿Porqué cree que alguien debiera leer su blog en vez de… no sé… ver la tele, por ejemplo?

– Porque apenas hay un canal de televisión decente, el único canal interesante es el ‘canalillo’ y como una mujer note que se lo miras te codifica la emisión de una bofetada.

– Señor Chesire, le dejo por imposible. Es usted el entrevistado más extraño que he tenido en mi vida.

– Usted es el entrevistador más feo que he tenido en la mía pero se lo digo como anécdota.

– ¡¡Y además es insoportable!! ¡¡Adios!! Ò_Ó

– ¿Ya se marcha? Si lo estábamos pasando tan bien…

¡Tierra trágame!

Esta expresión se suele emplear cuando sucede algo que desearíamos que no hubiera tenido lugar. La historia que os voy a contar es digna merecedora de un sonoro ¡Tierra trágame!, al menos seguro que fue eso lo primero que pensó la protagonista del relato.

Viajar en autobús en ocasiones puede convertirse en una experiencia bien curiosa y yo viajo en el bus urbano todos los días para ir al trabajo ya que se encuentra lejos de mi casa y no tengo coche. Normalmente suelo ir leyendo un libro, inmerso en las aventuras de sus personajes y sin hacer mucho caso a lo que me rodea porque por lo general no suele ocurrir nada extraordinario pero siempre hay algún momento en que desvías la mirada de la lectura y descubres algo que te llama la atención: como aquel día que vi por la ventana a un señor todo trajeado con pinta de millonetis, conduciendo su cochazo con una sola mano y con la otra metiéndose un dedo en la nariz con tal interés que parecía que se estaba rascando el cerebro. Pero eso no fue nada comparado con lo que le ocurrió a Mary la Rapera.

¿Que quién es Mary la Rapera? Pues una muchacha que viajaba en el autobús y a la que yo bauticé así tras fijarme en las pintas que llevaba. Era una chica de unos diecimuchos o ventipocos años que parecía que se había tragado a Eminem para desayunar y se había quedado con su ropa. Mary estaba de pie dale que te pego al móvil, hablando sin parar supongo que con otra muchacha de su edad a la que denominaba ‘tía’ y que la escuchaba al otro lado del teléfono. Le estaba contando unas historias de amplio contenido intelectual basadas en lo mal que al parecer se llevaban un tal Johnny (Lo que viene siendo el ‘Juanillo’ castizo de toda la vida) y un tal Maikel al que, a la vista de cómo hablaban de él, más le valdría entrar en un programa de testigos protegidos, cambiar de identidad y mudarse pronto de ciudad.

– Ya, tía, pero es que el Johnny es un bocas y, por mucho que diga, no tiene cojones de pillar al Maikel un día y darle de hostias como se merece. A ver si se decide pronto y lo manda al hospital de una puta vez.

Como podéis comprobar, Mary era, ante todo y sobre todo, muy discreta hablando, así que nos tenía a todo el autobús pendientes de su conversación no tanto por una cuestión de inclinación hacia el cotilleo de los allí presentes sino por el hecho de que era prácticamente la única que hablaba y además bien alto, sin consideración alguna hacia el resto de pasajeros, taladrándonos los oídos con su incesante verborrea. Yo imagino que semejante espécimen humano había nacido en el Bronx neoyorquino y nos la habían traído a España por correo certificado tratando de librarse de ella. Su interlocutora, la ‘tía’, o se había caído muerta en el sitio escuchándola o era muy parca en palabras porque Mary la Rapera apenas hacía pausas en su conversación-monólogo. En los escasos segundos en que Mary no hablaba se entretenía masticando un chicle, ‘amasándolo’ tanto con los dientes que parecía que luego lo iba a hornear para hacer magdalenas de goma. Fue entonces cuando llegué a la conclusión de que sus mandíbulas no tardarían mucho en concertar una cita con los sindicatos obreros para pedir un aumento de sueldo debido al agotador trabajo al que Mary la Rapera las sometía.

El caso es que justo enfrente de Mary se sentaba una señora de mediana edad y con el pelo cardado que aparentaba ir tan tranquila en el autobús disfrutando del trayecto pero, al parecer, no era así pues algo maligno se estaba fraguando en su interior y ese algo salió expulsado inesperadamente por su boca en forma de vómito (La mujer llevaba un tremendo mareo encima), regando ampliamente el pantalón de Mary la Rapera a quien todavía no logro entender cómo no se le cayó el chicle de la boca de la impresión.

– ¡¡JO-DER!!… Tía, qué fuerte, no te vas a creer lo que me ha pasado… ¡Me han vomitado encima!… Tengo que colgar – Le dijo Mary la Rapera entre sorprendida y enfadada a su amiga la ‘tía’ (A quien me hubiera encantado haberle podido ver la expresión de la cara mientras oía esas palabras). Y después de un breve momento de gritos, tensión y recriminaciones, Mary ya no abrió más la boca. A partir de entonces y hasta que llegó a su parada se mantuvo completamente en silencio (Temerosa tal vez de que la del cardado la atacase con sus efluvios corporales nuevamente pues aún estaba a tiempo de lanzarle un escupitajo al ojo para rematar la faena), entretenida con un amasijo de cleenex en las manos, tratando de limpiarse ‘el regalo’ que le había dejado encima la señora.

Desde luego hay que reconocer que como método para hacer callar a la gente es efectivo pero no todos los autobuses cuentan con una oportuna señora vomitona en su interior y sin embargo si que es probable encontrarse a más de un pasajero pesado.

Por no molestar…

Esto ocurrió hace tiempo…

Noche de oscuridad cerrada en casa del nene. Pero oscuridad cerrada-cerrada. Muy cerrada (Por si no había quedado claro). El nene que da vueltas en la cama. Vueltas y más vueltas. Los ojos como platos. No consigo dormirme. ¡Qué fastidio! ¿Y ahora qué hago? ¿Me pongo a leer un libro? ¿A estas horas? Si es de madrugada… Casi que no me apetece. Me apetecería dormir pero como mi cuerpo se ha amotinado y no me deja pues…

Tengo la boca pastosa. Si es que encima duermo, cuando duermo, con la boca abierta… Bueno, voy a aprovechar para ir a la cocina y tomarme un vasito de agua. Así al menos me entretengo en algo. Uy, espera, que la familia está descansando. Mejor no enciendo las luces del pasillo que mis padres duermen con la puerta entreabierta y les podría desvelar. Total, si me conozco la casa como la palma de mi mano*. Me esperaré medio minuto quieto para que mis ojos se adapten a la falta de luz y luego iré tranquilito por el pasillo en forma de ”L” hasta el final en donde está la cocina. ¡Estará chupao! Y sin molestar a nadie.

¿Ves?, yo voy por aquí y mira, ahí acaba el armario empotrado por tanto he de seguir recto y…

¡¡¡CRONK!!! (Mi nariz, y por solidaridad toda mi cara, se estampa contra la pared).

¡¡¡Cagüentóloquesemeneacachohostiaquemehedao!!!

¡¿Quién ha puesto una pared ahí sin avisar?! ò_ó

El nene, humillado y dolorido, se vuelve al cuarto encabritado. Se mete en la cama, se tapa hasta las orejas y se olvida del agua y de la falta de sueño.

Yo creo que me debí quedar dormido gracias al golpe. La pared me dejó K.O…

Conclusiones a las que he llegado:

1 Tengo al enemigo en casa.

2La pared es una dura contrincante. Sabe defenderse de las caras que se le acercan.

3 La próxima vez, hasta las luces del rellano de la escalera que enciendo, ostiasyá! (O, en su defecto, palparé la pared para preservar mi integridad física… Ejem…)

* Nunca he comprendido esta expresión porque… A ver… ¿Alguien es capaz de dibujar las líneas de su mano sobre un papel sin mirarlas antes?

¡Chico!¡Estás peor de lo que pensaba! O_O

Durante el tiempo que llevo trasteando con esto de los blogs hay quien me ha enviado algún meme que otro. Los memes son básicamente un conjunto de preguntas más o menos curiosas para que quien lo recibe las conteste y se dé un poquito más a conocer. Desde el principio he sido algo reacio a responder los memes que había recibido, no porque no quisiera contar nada, sino más bien porque me gusta contar las cosas a mi manera, por medio de anécdotas y relatos, pero ya iba siendo hora de que respondiera alguno. Uno de los que me han propuesto consiste en explicar 6 curiosidades o rarezas que tengo.

¿Sólo 6? Ô_o

Ahí voy:

1 – Me encantan los libros pero no solo para leerlos sino también para olerlos y pasearlos de una habitación a otra. Me explico: cada vez que me compro un nuevo libro tengo la imperiosa necesidad de llevarlo conmigo a todas partes durante unos días. Muchas veces se da el caso que estoy viendo una película o una serie de TV sentado tranquilamente en un sofá de mi casa y el dichoso libro permanece a mi lado aun a sabiendas de que no voy a ponerme a leerlo hasta que no acabe lo que estoy viendo. Y si la portada tiene relieves o algún tipo de textura, es bastante probable que, inconscientemente, me pase unos minutos acariciándola (Nunca dije que estuviera bien de la cabeza… Ejem…).

2 – Me declaro fan de los olores fuertes como la pintura o la gasolina. Cuando otros se tapan la nariz con desagrado yo estoy tan pancho huele que te huele.

3 – Colecciono las figuritas que salen en los roscones de reyes (Siempre que no sean repetidas) e incluso algún que otro regalo de los Kinder Sorpresa. De hecho, ocupan una balda entera de mi librería y pelean con el polvo por ver quien gana la batalla de llenar mayor espacio (De momento ganan las figuritas pero el polvo es insistente y si no fuera porque hay que limpiar de vez en cuando…).

4 – No soporto la sensación pegajoso-pastosa que deja el café en el paladar. Nunca, o casi nunca, me tomo un café fuera de casa (La opción más viable para que lo hiciera sería que me llevase el cepillo de dientes y la pasta para cepillarme luego). En cambio, soy casi un adicto a la Coca-cola. Deberían inventar agua con sabor a Coca-cola… Mmmmmm…

5 – Me gusta muchísimo dormir. Creo que soy un cruce entre un ser humano y un oso hibernando pero todavía no se ha demostrado científicamente. El día que no me echo una siesta, por pequeña que sea, casi no soy persona. ZZZzzzz

6 – Escribo todo lo que se me ocurre en cualquier lado: hojas sueltas, la esquina de un periódico, un trozo de cartón… He intentado ser ordenado al respecto y usar un cuaderno para organizarlo todo como corresponde pero es algo que me supera. Tengo un montón de cuadernos empezados y trillones de hojas sueltas de distintos tamaños grapadas con todo lo que mi cabeza va soltando (A veces a las horas más inoportunas: más de una vez me he tenido que levantar de madrugada porque se me había ocurrido algo en sueños). Y es que la inspiración es muy puñetera y viene cuando uno menos lo espera.

Bueno, he aquí mis 6 peculiaridades…

¿Y tú, qué rarezas tienes? 😉

Syren.

– Me gusta.

– ¿De veras? ¿Lo dices en serio?

– Si. Preparada a la sal debe estar riquísima.

– ¡Calla!

La Sonrisa de Chesire: Manual de uso.

 

En realidad es muy sencillo:

 

No necesitas vestir tus mejores galas ni reservar butaca con antelación.

 

Las puertas siempre estarán abiertas así que serás bien recibid@ a cualquier hora.

 

Solo hay que dejarse llevar.

 

Y, con un poquito de suerte, podrá pintarse en tu cara alguna sonrisa.

 

Amor geométrico.

Siempre he creído que esta ilustración necesitaba un texto.

¿Os aventuráis a ponérselo?

Rostros.

Desconozco la razón pero es usual que la mayoría de Ilustradores cuando se ponen a dibujar de forma espontánea, sin tener una idea previa sobre como van a rellenar el temido folio en blanco, lo primero que hacen es dibujar caras. Tal vez sea porque el rostro humano es capaz de expresar múltiples emociones y pueden decirse muchas cosas simplemente con una ceja levantada o una leve sonrisa.

En este caso las imágenes anteriores son varios bocetos que, curiosamente, no reflejan unas actitudes demasiado evidentes (Pero igualmente expresan algo). Es más bien un ejercicio de búsqueda de estilo.

Ponte cómodo y sueña…

Y que tus sueños sean promesa de deseos cumplidos…

1,2,3… Probando…

Me gusta emplear distintos estilos a la hora de dibujar. Es una forma de no aburrirme o evitar encasillarme y me ayuda a encontrar variadas soluciones gráficas que luego puedo ir incorporando en cada ilustración. Lo que nunca cambia es mi obsesión por poner espirales en casi todo lo que hago. Manías que tiene uno…

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