¡Tierra trágame!

Esta expresión se suele emplear cuando sucede algo que desearíamos que no hubiera tenido lugar. La historia que os voy a contar es digna merecedora de un sonoro ¡Tierra trágame!, al menos seguro que fue eso lo primero que pensó la protagonista del relato.

Viajar en autobús en ocasiones puede convertirse en una experiencia bien curiosa y yo viajo en el bus urbano todos los días para ir al trabajo ya que se encuentra lejos de mi casa y no tengo coche. Normalmente suelo ir leyendo un libro, inmerso en las aventuras de sus personajes y sin hacer mucho caso a lo que me rodea porque por lo general no suele ocurrir nada extraordinario pero siempre hay algún momento en que desvías la mirada de la lectura y descubres algo que te llama la atención: como aquel día que vi por la ventana a un señor todo trajeado con pinta de millonetis, conduciendo su cochazo con una sola mano y con la otra metiéndose un dedo en la nariz con tal interés que parecía que se estaba rascando el cerebro. Pero eso no fue nada comparado con lo que le ocurrió a Mary la Rapera.

¿Que quién es Mary la Rapera? Pues una muchacha que viajaba en el autobús y a la que yo bauticé así tras fijarme en las pintas que llevaba. Era una chica de unos diecimuchos o ventipocos años que parecía que se había tragado a Eminem para desayunar y se había quedado con su ropa. Mary estaba de pie dale que te pego al móvil, hablando sin parar supongo que con otra muchacha de su edad a la que denominaba ‘tía’ y que la escuchaba al otro lado del teléfono. Le estaba contando unas historias de amplio contenido intelectual basadas en lo mal que al parecer se llevaban un tal Johnny (Lo que viene siendo el ‘Juanillo’ castizo de toda la vida) y un tal Maikel al que, a la vista de cómo hablaban de él, más le valdría entrar en un programa de testigos protegidos, cambiar de identidad y mudarse pronto de ciudad.

– Ya, tía, pero es que el Johnny es un bocas y, por mucho que diga, no tiene cojones de pillar al Maikel un día y darle de hostias como se merece. A ver si se decide pronto y lo manda al hospital de una puta vez.

Como podéis comprobar, Mary era, ante todo y sobre todo, muy discreta hablando, así que nos tenía a todo el autobús pendientes de su conversación no tanto por una cuestión de inclinación hacia el cotilleo de los allí presentes sino por el hecho de que era prácticamente la única que hablaba y además bien alto, sin consideración alguna hacia el resto de pasajeros, taladrándonos los oídos con su incesante verborrea. Yo imagino que semejante espécimen humano había nacido en el Bronx neoyorquino y nos la habían traído a España por correo certificado tratando de librarse de ella. Su interlocutora, la ‘tía’, o se había caído muerta en el sitio escuchándola o era muy parca en palabras porque Mary la Rapera apenas hacía pausas en su conversación-monólogo. En los escasos segundos en que Mary no hablaba se entretenía masticando un chicle, ‘amasándolo’ tanto con los dientes que parecía que luego lo iba a hornear para hacer magdalenas de goma. Fue entonces cuando llegué a la conclusión de que sus mandíbulas no tardarían mucho en concertar una cita con los sindicatos obreros para pedir un aumento de sueldo debido al agotador trabajo al que Mary la Rapera las sometía.

El caso es que justo enfrente de Mary se sentaba una señora de mediana edad y con el pelo cardado que aparentaba ir tan tranquila en el autobús disfrutando del trayecto pero, al parecer, no era así pues algo maligno se estaba fraguando en su interior y ese algo salió expulsado inesperadamente por su boca en forma de vómito (La mujer llevaba un tremendo mareo encima), regando ampliamente el pantalón de Mary la Rapera a quien todavía no logro entender cómo no se le cayó el chicle de la boca de la impresión.

– ¡¡JO-DER!!… Tía, qué fuerte, no te vas a creer lo que me ha pasado… ¡Me han vomitado encima!… Tengo que colgar – Le dijo Mary la Rapera entre sorprendida y enfadada a su amiga la ‘tía’ (A quien me hubiera encantado haberle podido ver la expresión de la cara mientras oía esas palabras). Y después de un breve momento de gritos, tensión y recriminaciones, Mary ya no abrió más la boca. A partir de entonces y hasta que llegó a su parada se mantuvo completamente en silencio (Temerosa tal vez de que la del cardado la atacase con sus efluvios corporales nuevamente pues aún estaba a tiempo de lanzarle un escupitajo al ojo para rematar la faena), entretenida con un amasijo de cleenex en las manos, tratando de limpiarse ‘el regalo’ que le había dejado encima la señora.

Desde luego hay que reconocer que como método para hacer callar a la gente es efectivo pero no todos los autobuses cuentan con una oportuna señora vomitona en su interior y sin embargo si que es probable encontrarse a más de un pasajero pesado.

Hijo de la Nieve.

Sin razón aparente, y con la pronta cercanía del Invierno, una pequeña chispa prendió entre la hojarasca que había dejado el Otoño convirtiéndose en una peligrosa llama. El Fuego enseguida se hizo fuerte con tanto combustible cercano y creció en intensidad y calor. Envalentonado, inició una macabra danza abrasando todo aquello que le rodeaba y engrandeciéndose conforme avanzaba. Su poder era tal que las pocas nubes que cobijaba el cielo murieron antes de lograr arrojar gota alguna. El suelo se secaba a su paso, se agrietaba y ennegrecía. Nada vivo podía resistirlo. Hasta el Sol parecía empequeñecerse ante un poder tan diabólico.

No muy lejos de donde había comenzado todo, en la arcana Torre de los Hielos, la Reina Nieve terminaba de tejer el frío manto que pronto vestiría la tierra. Pensaba en lo poco que quedaba para que sus queridas lechuzas (En la Torre había miles de ellas) elevasen a los cielos la magnífica colcha en la que había estado trabajando tan afanosamente a lo largo del año, y la dejasen caer suavemente sobre su lecho natural. Pensaba en la alegría que se llevarían los niños cuando les rodeasen millones de copos que pintarían el paisaje de blanco. ¡Cómo jugarían con la nieve!, ¡Cuántas risas se oirían! Tan solo por escuchar esa música cristalina nacida de los labios de los pequeños, la Reina Nieve sentiría que su trabajosa tarea habría merecido la pena y disfrutaría del momento en compañía de su hijo, aquella criatura a quien tanto amaba y que era la fuerza que la empujaba a vivir. Un hijo encantado, nacido del hielo que la rodeaba.

Cómodamente sentada en su sillón, tejía los últimos puntos de la gigantesca tela y observaba al niño de sus ojos jugando a sus pies con una bola de nieve a la que daba la forma de un pequeño elefante. Había hecho la trompa demasiado grande y la frágil figurita no se sostenía en pie pero el pequeño ya estaba empezando a corregir su fallo. La Reina Nieve sonrió al comprobar el logro del jovencito pero su sonrisa se le tensó rápidamente en la cara transformándose en una mueca de terror. Sus ojos se abrieron desmesuradamente incapaces de creer la escena que estaban contemplando, incapaces de explicarla. Cuando empezó a percibir el cambio de temperatura fue consciente de todo y la gota que se deslizó por el brazo del niño no dejó lugar a la duda. Su hijo se estaba derritiendo…

Presa del pánico más absoluto lanzó un grito pero era tal el miedo que sentía que su garganta fue incapaz de emitir sonido alguno. Tiró al suelo su trabajo y abrazó a su pequeño en un vano intento de protegerlo pero se dio cuenta que el propio calor de su cuerpo solo conseguiría empeorar la situación. Dejó a su asustado niño en el lugar más frío de la estancia intentando retrasar el mal que lo aquejaba. ¿Qué ocurría en su mundo helado? Debía averiguarlo y ¡Pronto!. Quizá no quedase demasiado tiempo. El calor era insoportable. Miró por las ventanas de la fortaleza y finalmente la vio. La terrorífica llama caminaba hacia la Torre amenazando con consumir todo su reino. Tenía que evitarlo como fuera.

Primero envió al Viento Helado para apagar el Fuego pero este, poderoso y brutal resistió. El Viento sólo consiguió azuzarlo aún más empeorando la situación. Ya no era un simple Fuego, se había trasformado en un dañino Gigante ígneo que sonreía maléficamente. Era la viva imagen del horror y su cercanía traía la Muerte.

La Reina Nieve suplicó al Gran Fuego que se detuviera, que perdonase la vida a los habitantes que moraban en el reino helado, pero viéndose invencible, el Gigante de Fuego la ignoró. Desesperada, ordenó a sus lechuzas coger la manta nevada y lanzarla sobre el monstruo. La nieve, convertida en agua al contacto con el calor, se precipitó con violencia sobre la extensa llamarada logrando reducir a la mitad la intensidad y fuerza del Gran Fuego. Este, enfurecido, arremetió contra el Torreón lanzando hirvientes flechas que alcanzaron a gran parte de las lechuzas que habían quedado rezagadas. La Reina Nieve sintió un inmenso dolor al presenciar la muerte de sus leales sirvientes pero ya nada podía hacer por ellas, ya nada podía hacer por nada. Había perdido la batalla pues no le quedaba con qué contraatacar. Tan solo podía huir con su pequeño pero… ¿Dónde estaba su hijo?. A sus pies vio un pequeño charco, del tamaño de un niño. Destrozada, rompió a llorar…

Y su pena fue tan grande que las lágrimas de sus ojos se convirtieron en Mar y la tierra se regó con su llanto. La fuerza de su dolor llegó hasta el Fuego caprichoso que sintió miedo y suplicó clemencia pero su ruego no fue escuchado como tampoco él atendió a las súplicas de la Reina Nieve, y con la furia que nace del dolor más puro, el Fuego fue barrido por la triste marea.

Cuenta la leyenda que, desde entonces, el Invierno es una estación sombría y cruda como reflejo de un corazón roto que no encuentra consuelo pues ni el tiempo logra acallar tan inmensa pena. Y cuando nieva, lo que vemos es el llanto de una madre a la que le fue arrebatado su hijo y se halla perdida en la inmensa soledad de su helado destino.

¡Que nos van a dar las uvas!…

31 de Diciembre y otro año que se despide.

Hay quien aprovecha para reflexionar sobre el año que dejamos pero yo he decidido recordar algunos momentos vividos en otras nocheviejas y tratar de dar respuesta a esas cuestiones tan extrañas que siempre me inquietan.

Como siempre (Bueno, desde hace unos años), la tarde del 31, aparte de ejercer de pinche de cocina de mi señora madre, soy el catador oficial de los alimentos que vamos a ingerir esa misma noche (Este último puesto me lo he adjudicado yo, no por glotonería, qué vaaaaa…, sino por evitarle a mi madre el tener que probar ella misma todas sus sabrosas comidas que eso es mucho trabajo pa uno solo… Ejem…).

Muy posiblemente nos pondremos a hacer unas riquísimas trufas caseras de chocolate para tomar como postre en la comida del día 1, que tienen el don de la invisibilidad pues, nada más que se ponen en la mesa desaparecen que da gusto ;P

Lo mejor de todo, aparte de comerlas es la elaboración de las mismas con la mantequilla, la leche condensada, el chocolate de cobertura, las virutas de chocolate y el licor… Ay, el licor, que siempre nos depara una curiosa escena navideña que se repite año tras año:

Mi señora madre está toda feliz echando licorcito a la masa de las trufas y, en determinado momento, cuando ella ya cree que ha echado suficiente, dice:

– Uy, me parece que estoy echando demasiado

A lo que yo contesto siempre:

– Y… ¿Qué tal si vuelves la botella hacia arriba, mamá? XD

El primer fin de año que recuerdo fue uno de los años 80 cuando yo era un joven e inocente muchachito. Estábamos en casa de mis abuelos y apareció por la tele la cantante bizca italiana Sabrina Salerno. Cantaba en playback su única canción conocida (Boys, boys, boys) embutida en un corsé blanco que dejaba poco lugar a la imaginación. Se movía dando unos saltitos que más bien parecían las contorsiones de una epiléptica y, claro, teniendo un busto generoso y con semejantes aspavientos pasó lo que tenía que pasar. Se le salió una.

¡Zas! ¡La teta encima de mis langostinos!… (Que no es por quejarme pero fue un poco violento. Nadie nos había presentado).

¡Esa es otra! ¡Hay que joderse con los langostinos! La de trabajo que llevan para acabar no comiéndote apenas nada.

* ¿Que te los pelas a mano?

Acabas todo pringoso y con el plato lleno de cáscaras.

* ¿Que vas de ‘finolis’ y quieres usar cuchillo y tenedor para comerlos?

Eso parece una obra de ingeniería.

Y, digo yo, no podían venir los langostinos de fábrica con velcro?

Sería mucho menos complicado, dónde va a parar

Plato, postplato, recontraplato…

La cena se transforma en un proceso más largo que el del piropo de un tartamudo. Los jugos gástricos todavía no han digerido el cordero que nos zampamos el día de Navidad y ya estamos dándoles marcha otra vez. Venga a comer y a comer y a comer, que parece que nos estemos cebando para la matanza. Luego, entramos al baño a liberar equipaje y lo tenemos ahí, en un rinconcito, asustao. El váter no sale de su asombro y es que, cuando le enseñamos el lugar por donde el sol no entra, al pobre le da un patatús. Menudo regalo de navidad que le damos. Es un oficio muy duro eso de ser váter y no está para nada reconocido.

Las uvas también llevan su liturgia, no os creáis. Lo primero es elegir las más pequeñas que si no, no hay manera de tragarlas. Hay quien les quita la piel, yo no, pero si que les quito las pepitas no vaya a ser que un buen día me germine una y me crezca un racimo de uvas en mitad del estómago y casi mejor que no, que el vino se me sube enseguida a la cabeza y ya me veo todo el día borracho.

Lo que siempre sucede es que mi señora madre empieza a comérselas nada más que aparecen los presentadores en La Puerta del Sol porque dice que si no, no le da tiempo y yo, que me siento a su lado en la mesa, me entretengo quitándoselas para que no pueda comérselas hasta que no llega la hora.

Como siempre estamos distraídos con nuestra particular batalla de Nochevieja, el reloj empieza a dar los cuartos y a lo que nos queremos dar cuenta ya lleva varias campanadas y terminamos metiéndonos las uvas a presión, llenándonos la boca como una ardilla y sin poder tragar ni una. A mi me entra siempre la risa floja y, en el momento menos sexy de toda mi vida, acabo el año sin haberme comido todas las uvas y chorreando jugo como un perro rabioso. ¡Pero las risas que me echo no me las quita nadie!, así que espero que a vosotr@s os pase lo mismo y comencéis 2008 con una sonrisa en la cara. 😀

¡¡¡QUE TENGÁIS UN MUY FELIZ AÑO!!!

Jou Jou Jou :D

Ahhhh… La Navidad… Con sus lucecitas de colores, el turrón, el reencuentro con la familia, los Papá Noel… Si, si, LOS Papá Noel y es que por mucho que por estas tierras seamos más de los Reyes Magos de Oriente, que son tres, Papá Noel, aun siendo uno, parece una plaga y termina convirtiéndose en legión.

Aunque yo no debería decir esto muy alto porque…

Esperad que compruebo que no me oye nadie más que vosotr@s…

Ajá…

Ahora puedo decirlo…

Yo…

He sido Papá Noel.

Y por dos años consecutivos…

Si, lo sé…

Pero aclaro que fue por una buena causa.

Estuve colaborando con la Asociación Española Contra el Cáncer ejerciendo de Papá Noel en una céntrica plaza de Zaragoza en donde se celebraba un mercadillo navideño para recaudar fondos. Había un montón de puestos en donde se vendían guirnaldas que las voluntarias habían hecho durante todo el año, belenes, artículos de regalo, pastelería, juguetes… Y otros tres compañeros y yo (El año pasado éramos dos parejas de chico y chica; este año el único chico era yo) estábamos dando vueltas por la plaza divirtiendo a los peques con caramelos y globos y alguna historia inventada que otra (Que los niños te preguntan de todo al ser Papá Noel y hay que hacer uso de la imaginación).

¡Y qué queréis que os diga pero los críos son la monda! 😀

O se asustan nada más que ven a un tipo regordete que parece una menstruación andante con barba blanca, o te recitan varias veces la lista de regalos que han pedido por si no te ha quedado clara (Que eso de que Papá Noel sea un viejales no ayuda precisamente a que confíen en su memoria) Hasta hay alguno que te abraza como si le fuera la vida en ello inundándote con una muestra de cariño que no esperabas y es complicado evitar que se te caiga la lagrimita.

Aysss… :___)

Los peores suelen ser los padres:

Deme el globito rosa para la niña, el azul no, el rosa, que el azul es para niños.

Que te entran ganas de preguntarle a la mujer si la niña es hija de un bote de tinta y una pluma por su obsesión con los coloritos (Siempre he pensado que es una tontada eso de la diferenciación del rosita y el azulito. A mi el rosa no me gusta porque no me gusta, no porque sea ‘de niñas’. Los colores no tienen sexo y si lo tienen… mejor pa ellos. ¡¡Que lo disfruten!!).

Hablando de colorines, Blanca BK (Una genial Ilustradora Zaragozana) y su simpática amiga Nuria hicieron un taller de Ilustración para los críos y yo estuve por allí merodeando junto con una compañera Mamá Noel y me llevé de regalo este dibujo que me hizo una cariñosa niña. 😀

Viví un momento muy surrealista al llegar los muchos nietos de la presidenta de la Asociación. Estaba yo en la otra punta de la plaza repartiendo globos cuando vinieron los dos chicos de seguridad que custodiaban el recinto y me dijeron que los acompañara. Me llevaron escoltado por el exterior de la plaza para que nadie me viera y llegase así a donde estaban los nietos sin interrupciones por el camino. Y allí me esperaban unos cuantos críos llamando a Papá Noel como si fueran fans adolescentes de David Bisbal en mitad de un concierto. Estuve a punto de ponerme a cantar el Ave María, Cuándo serás mía jejejejeje ;p

Así contado, el trabajo parece divertido, pero no está exento de riesgos.

El problema principal es la altura de los críos porque, cuando te metes dentro de una aglomeración de niños ávidos de globos y caramelos y todos quieren hablar contigo, siempre hay alguno que intenta reclamar tu atención por encima del resto así que te da ligeros golpecitos para que notes su presencia. Y claro que la notas, especialmente porque su mano sólo llega hasta ‘cierta’ altura y el puñetero niño te está dando ‘gol-pe-ci-tos’ en los ‘pendientes reales’. Y eso duele… ¡Mucho! (Que sepas, niño, que me voy a encargar personalmente de que tengas carbón este año! ò_ó).

Otro problema es que estás varios días saludando a todo peque que te pasa por delante y luego sucede que se te queda el gesto automatizado y, sin darte cuenta, cuando vas ‘de paisano’ paseando tranquilamente por la calle, les sonríes a los niños y los saludas como si tal cosa y claro, los padres te miran raro y van corriendo al juzgado a pedir una orden de alejamiento para ese tipo chungo que se merienda con los ojos a su inocente criaturaO_O

También ocurre que como la plaza tiene una enorme fuente central, cuando la encienden solo oyes el ruido del agua discurrir y había alguna que otra voluntaria, ya entrada en años, que hacía no pocas visitas al baño a causa de esto. Creo que perdió varios kilos, la pobre. XD

Y que el traje y la peluca dan un calor tremendo, y que luego te pica todo, y que los niños te llenan de mocos y babas… Pero son cosas sin importancia. En fin, que fue una experiencia muy bonita y el año que viene volveré a repetir. ¡Seguro!.

Papá Noel y mis renos:

Rudolph

Trueno

Rayo

Centella

y

Relámpago

Os deseamos

FELICES FIESTAS A TOD@S

Jou Jou Jou ;P

Por no molestar…

Esto ocurrió hace tiempo…

Noche de oscuridad cerrada en casa del nene. Pero oscuridad cerrada-cerrada. Muy cerrada (Por si no había quedado claro). El nene que da vueltas en la cama. Vueltas y más vueltas. Los ojos como platos. No consigo dormirme. ¡Qué fastidio! ¿Y ahora qué hago? ¿Me pongo a leer un libro? ¿A estas horas? Si es de madrugada… Casi que no me apetece. Me apetecería dormir pero como mi cuerpo se ha amotinado y no me deja pues…

Tengo la boca pastosa. Si es que encima duermo, cuando duermo, con la boca abierta… Bueno, voy a aprovechar para ir a la cocina y tomarme un vasito de agua. Así al menos me entretengo en algo. Uy, espera, que la familia está descansando. Mejor no enciendo las luces del pasillo que mis padres duermen con la puerta entreabierta y les podría desvelar. Total, si me conozco la casa como la palma de mi mano*. Me esperaré medio minuto quieto para que mis ojos se adapten a la falta de luz y luego iré tranquilito por el pasillo en forma de ”L” hasta el final en donde está la cocina. ¡Estará chupao! Y sin molestar a nadie.

¿Ves?, yo voy por aquí y mira, ahí acaba el armario empotrado por tanto he de seguir recto y…

¡¡¡CRONK!!! (Mi nariz, y por solidaridad toda mi cara, se estampa contra la pared).

¡¡¡Cagüentóloquesemeneacachohostiaquemehedao!!!

¡¿Quién ha puesto una pared ahí sin avisar?! ò_ó

El nene, humillado y dolorido, se vuelve al cuarto encabritado. Se mete en la cama, se tapa hasta las orejas y se olvida del agua y de la falta de sueño.

Yo creo que me debí quedar dormido gracias al golpe. La pared me dejó K.O…

Conclusiones a las que he llegado:

1 Tengo al enemigo en casa.

2La pared es una dura contrincante. Sabe defenderse de las caras que se le acercan.

3 La próxima vez, hasta las luces del rellano de la escalera que enciendo, ostiasyá! (O, en su defecto, palparé la pared para preservar mi integridad física… Ejem…)

* Nunca he comprendido esta expresión porque… A ver… ¿Alguien es capaz de dibujar las líneas de su mano sobre un papel sin mirarlas antes?

Mal día para disgustos (2ª Parte)

11. Chesire: ”Mal día para disgustos (2ª Parte)”

Diana se parecía poderosamente a un monstruo emergiendo de un pantano. Chorreando barro por los cuatro costados, intentaba limpiarse lo mejor que podía con el pantalón del pijama que había metido antes a rebullo en el bolso. Pedro y Sofie la reconocieron, salieron disparados de la cafetería y se acercaron a ayudarla.

Diana… ¡Dios mío! ¿Qué te ha pasado? ¿Te ha atropellado un alfarero? – Preguntó un alarmado Pedro que no podía evitar bromear en los momentos de tensión (Era su forma de sobrellevarla). Sofie se había quedado directamente sin habla pero acertó a coger a Diana por la cintura pues parecía que iba a derrumbarse de un momento a otro.

– Taxi… abejitas… charco… – Farfullaba Diana incoherentemente mirando alternativamente a su marido y a su novia – Abejitas…

– Creo que ha sufrido un shock – Logró decir Sofie finalmente.

– ¡No! – Diana pareció despertar de un mal sueño – No… estoy bien… de veras. Solo necesito algo caliente. Vayamos a la cafetería… Por favor…

Entre los tres lograron asearla lo mejor posible dadas las circunstancias. Pedro le puso su americana sobre los hombros y Diana consiguió, a duras penas, presentar un aspecto algo más digno. Menos mal que en la cafetería casi no había gente. Aun con eso no logró evitar que todos los ojos se posaran sobre ella pero, teniendo en cuenta sus pintas, era comprensible. Tras beber el primer sorbo de la manzanilla que había pedido se sintió con más fuerzas y mejor.

Entonces comenzó el drama.

Pedro y Sofie no la dejaron hablar. Empezaron a discutir entre ellos sobre quién tenía más derechos para quedarse con el amor de Diana. Por supuesto, a Diana no le preguntaron en momento alguno. Como si no estuviera presente. Diana sabía perfectamente que ambos eran muy tercos y competitivos por lo que estaban diciéndose el uno al otro, como en un concurso, todo lo que habían hecho por la mujer que amaban. Diana desistió de su empeño en entablar conversación. Tal vez fuera mejor así. No tenía que preocuparse de nada. Quien venciera en ese absurdo combate dialéctico se quedaría con ella. O, al menos, eso parecían creer ellos. Indudablemente Diana tendría la última palabra, aunque la elección se antojaba complicada pues los quería a los dos. Aburrida, tomó otro sorbo de su infusión y, de repente, notó algo extraño en el interior de su boca, algo inesperado que cayó hacia el fondo de su taza. Lo miró un segundo y comprendió que el trompazo que se había dado contra el suelo había tenido sus secuelas.

– Fe me ha faído un fiente – Dijo sorprendida.

– ¡¿Qué?! – Preguntaron Pedro y Sofie al unísono volviéndose hacia ella.

– Fiente – Trató de aclarar Diana señalándose inocentemente la boca, mostrando un hueco donde antes no lo había.

– Hay que ir al médico – Dijo Sofie al instante – Tal vez te hayas roto algo más

– ¡Tú no eres quién para decidir lo que tenemos que hacer! – Le gritó un exasperado Pedro.

Y la discusión volvió a empezar. Diana se quedó perpleja observándolos y pensando si no hubiera sido mejor haberse planteado convertirse en una solterona rodeada de gatos toda su vida. Resignada, cogió la cucharita que le habían traído con la manzanilla y trató de rescatar el diente suicida. Lo sacó del fondo de la taza, lo limpió con una servilleta y lo cogió entre dos dedos mirándolo con curiosidad. Estaba intacto. Lo iba a guardar para ver si su tío, que era dentista, podía hacer algo para volver a colocarlo en su sitio.

Sofie siempre había sido muy expresiva. En condiciones normales movía continuamente las manos dando énfasis a sus argumentos, en condiciones tensas como aquella las meneaba exageradamente. Por eso no era de extrañar que le diera sin querer un manotazo a Diana. El diente voló por los aires cruzando media cafetería pero Diana no logró ver dónde había caído. Estaba empezando a pensar si la situación que estaba viviendo no sería fruto de una desagradable broma de cámara oculta y se puso a mirar nerviosamente a su alrededor.

– ¿Qué haces? – Le preguntó su marido al percatarse.

– Bufco laf cámaraf.

– ¿Qué? ¿Qué cámaras? – Dijo extrañada Sofie.

– ¡Ay, Dios mío, que se ha quedado tonta por el golpe! – Exclamó Pedro visiblemente asustado.

– ¡Ya decía yo que había que ir al Hospital! – Añadió una alarmada Sofie.

En ese mismo momento una señora, que hasta hacía apenas unos segundos estaba tranquilamente tomando su café y leyendo la prensa en una mesa no muy lejana, comenzó a toser y a gritar airada.

– ¡¡¡QUÉ ASCO!!!! Cog-cog-cog ¡¡¡¡CAMARERO!!!! Cog ¡¡¡¡HAY UN DIENTE EN MI CAFÉ!!!!

– Ahh… ¡For fin aparefes! – Exclamó Diana contenta.

Pedro y Sofie miraron a Diana y luego miraron a la señora incrédulos. Diana se acercó cojeando a la mujer (Debido a su tacón roto), le pidió disculpas y cogió su diente ante la sorpresa de todos. Pedro y Sofie fueron a hablar cuando Diana volvió a la mesa pero ella los cortó tajante.

– ¡¡¡Callarof ya lof dof!!! Fengo fe decirof algo… – Estaba cansada de que no la dejasen hablar y había llegado el momento de ser escuchada. Tomó aire y, con la mayor serenidad que fue capaz de reunir, soltó una bomba – Eftoy embarafada.

Fue entonces cuando Pedro se cayó de la silla desmayado.

Al parecer si que iban a tener que hacer una visita al Hospital después de todo…

Y la historia es continuada por:

12. Pablo: Desmayo
13. Elena: Desayuno de los Subterráneos
14. Valeria: Quien llegue primero
15. Amazona en la centella: Hoy ya es mañana
16. P&P: Fracasos
17. Azo: Tras la barra
18. Aitor: Pajarillos de París (2ª Parte)
19. Elena: Mejor que yo
20. Musa: Amor en medio de la confusión
21. Elena: Un cuadro impresionista

Mal día para disgustos (1ª Parte).

Esta historia continúa a las escritas por:

1. Rosa: Una vida en común
2. Amazona en la centella: Despiértame mañana
3. Machadiano: Caricias
4. Maduixeta:
¿Nos tomamos un café?

Visita sus respectivos blogs antes de empezar a leer este relato. Puedes acceder a ellos directamente desde el título de sus textos ;P

 

5. Chesire: ”Mal día para disgustos (1ª Parte)”

Ya se lo dijo aquella vez esa vidente tan extraña:

– Tú, los Viernes, mejor no salgas de casa.

Vaya predicción más tonta pensó Diana entonces pero ahora no lo tenía tan claro. Era Viernes y Pedro, su marido, con quien las cosas no iban tan bien como debieran, había descubierto su secreto y estaba en un café de París hablando con Sofie. Al menos, eso es lo que le había dicho Pedro por teléfono.

– ¡Mi marido y mi amante… juntos!. Está claro que hoy me ha mirado un tuerto.

Estaba todavía vestida con el gracioso pijama de flores y abejitas que se compró en las rebajas pero ni se dio cuenta por culpa de los nervios y salió con él a la calle junto con su bolso, no sin antes calzarse los tacones (La elegancia ante todo).

Corrió como alma que lleva el Diablo y cruzó a la otra acera en donde sabía que iba a poder parar un taxi más fácilmente sin percatarse de que la gente la miraba como si estuviera loca. Cuando divisó uno se llevó dos dedos a la boca tratando de silbar para pararlo y cayó en la cuenta de que nunca había aprendido a silbar así que se puso a agitar los brazos como en una poco afortunada coreografía de videoclip que le hacía parecer un chimpancé pero sin agilidad alguna. A pesar de eso el taxista la recogió.

Diana le indicó la dirección a donde debía ir mientras rebuscaba apresuradamente en su bolso un espejito, el pintalabios y el colorete. Quería, al menos, darles a Pedro y Sofie la impresión de que estaba calmada y que tenía la situación bajo control. Cuando ya llevaban varios minutos de trayecto, y tras no pocas miradas de reojo, el taxista se decidió a hablarle:

– Señorita, no es por meterme donde no me llaman pero… ¿No cree usted que está un poco crecidita para jugar a las pijamadas?

Diana le miró sin comprender y entonces se miró a si misma y, tras verse llena de abejitas y flores y deducir que no era Primavera pues estaban en pleno Octubre, abrió los ojos como platos y comenzó a gritar enloquecida. En la otra punta de París, Blanche Dubois, una anciana sorda de nacimiento, descubrió asombrada que tal vez no había perdido su oído del todo.

– Que se pare el mundo que yo me bajo – pensaba Diana mientras el taxista trataba de calmarla. El hombre consiguió convencerla de que se tranquilizara. Había varias tiendas de ropa cerca y podían parar y comprar algo en ese mismo momento así que eso hicieron.

Diana se llevó unos pantalones y una blusa sencillitos, que París podía ser la capital mundial de la moda pero no estaba ella para exquisiteces con lo que se le venía encima. Como ir de compras siempre la relajaba, pronto se encontró más calmada y empezó a pensar en lo que iba a decirles a Pedro y Sofie cuando los viera. Estaba tramando una elaborada explicación en el taxi cuando el conductor le informó de que ya habían llegado. Diana insistió en pagarle al taxista aunque este le dijo que no era necesario (La pobre muchacha le daba pena) así que acordaron que el mejor pago sería un beso en la mejilla y un ‘gracias’ por la ayuda. Cuando Diana bajó del coche pensó que, después de todo, algo le salía bien. Bueno, lo pensó durante dos metros de calle, justo antes de rompérsele un tacón al quedarse enganchado en un adoquín y caerse de bruces sobre un enorme charco embarrado, posiblemente el único charco que había quedado en París tras la escasa lluvia del día anterior.

Definitivamente ese Viernes no tenía que haber salido de casa…

Y sigue la lista…

6. Mara: Una misma piel
7. Maribel: Algo en común

8. Gabriela: Más allá de la distancia
9. Aitor: Pajarillos de París (1ª Parte)
1o. RöB Dangal: Desesperado

Yyyyy… Esto continúa en la siguiente entrada con la segunda parte de este relato 🙂

El Juego de los Relatos.

Me he apuntado a un juego que me ha parecido bien interesante. Consiste en escribir un relato completo entre varias personas. He aquí las reglas:

1. Puede participar quien quiera siempre que se lo comunique a cualquiera de los participantes, aunque sería mejor si no hubiera más de unos 10 participantes por historia.

2. Cada uno de los participantes tendrá una nueva categoría en su blog, donde pondrá los relatos que serán siempre de su propia autoría.

3. En la primera entrada de esa categoría estarán expuestas las normas, así como el listado de blogs que están participando (debe mantenerse actualizado según se vayan añadiendo nuevos participantes)

4. Cada participantes es libre para escribir los relatos que quiera y sobre lo que quiera, siempre y cuando mantengan una relación con algún otro relato (la relación debe reflejarse en el relato) ya escrito anteriormente ya sea por él mismo o por otro participante. Se entiende por relación las siguientes situaciones:


A. Dos historias tiene un acontecimiento común, pero son relatados desde puntos de vista diferentes.


B. Dos historias son partes de la vida del mismo personaje.


C. Dos historias tienen personajes que tienen alguna relación personal


5. Optativamente se puede poner la norma de que un participante no puede usar en sus historias como personaje principal a un personaje creado por otro participante.

Recomendaría que fuera un relato corto, de tal manera que el juego no se convierta en algo tedioso. También dar un periodo de tiempo determinado para desarrollar la historia, como una o dos semanas.

Los participantes que nos hemos apuntado somos los siguientes:

1. Valeria (http://valeriasicur1971.spaces.live.com/)

2. Mara (http://maradanielaferbro.spaces.live.com/)

3. Amazona en la centella (http://irasfolk.spaces.live.com/)

4. Rosa (http://esenrosa1961.spaces.live.com/)

5. Gabriela (http://gabyrouge.spaces.live.com/)

6. Maribel (http://zarcievich.spaces.live.com/)

7. Pablo (http://p4810mcias.spaces.live.com/)

8. Maduixeta (http://irismaduixeta.spaces.live.com/)

9. P&P (http://azul-es-mi-cielo.spaces.live.com/)

10. Chesire (https://chesire.wordpress.com/) – Yo –

11. Aitor Arjol (http://aitorarber.spaces.live.com/)

12. Musa (http://musadeojostristes.spaces.live.com/)

13. RöB Dangal (http://rob-site.spaces.live.com/)

14. Elena (http://elenaepp.spaces.live.com/)

15. Azo (http://violetasdormidas.spaces.live.com/)

16. Machadiano (http://elmachadiano.spaces.live.com/) – El creador del juego –

Y yo ya tengo escrita mi historia (En la próxima entrada ;P)

Granjero de ciudad.

Ya lo dicen por ahí: En esta vida hay que saber de todo y, para saber de todo, hay que hacer de todo.

Hasta de granjero.

Si, si, un urbanita como yo en medio de animales de granja y de corral. Fue en otro de esos curiosos encargos que se consiguen en las empresas de trabajo temporal ¬_¬

Estuve en la Feria de Muestras de Zaragoza ayudando en la preparación de la Fima Ganadera (Exposición de razas de distintos animales de granja y maquinaria especializada para el campo). Como lo de la maquinaria no tiene mucho interés, me centraré en hablaros de los animalitos.

Lo primero, en el interior de una enorme nave industrial, hubo que montar las jaulas para los animales con su respectivos comederos y bebederos, un trabajo ma-ra-vi-llo-so y ameno a más no poder que supuso estar algo más de una semana (Sábados incluídos) clavando clavos, ajustando tornillos y encajando piezas, amén de comprobar que mi compañero se escaqueaba a las primeras de cambio el tío jeta… Luego, hubo que llenar todas las jaulas de abundante paja para que los animales estuvieran como en el Ritz. Transcurrida la semana, y un día antes de la apertura al público, llegaron los animales para aclimatarse a su nuevo hábitat… y dar más de un quebradero de cabeza…

Al comienzo de la mañana vinieron las ovejas: varios rebaños completos hacinados en sendos camiones. Obviamente no iban a quedarse en medio de la nave sino que debían ir a las jaulas que se habían preparado y ahí empezó a complicarse el tema… Y es que las ovejas se escapaban, las condenadas.

Ahí estaba el pastor azuzando a los bichos con alaridos de ultratumba:

¡¡¡¡Riá-Pá-Pá-Páaaaaaaa!!!!

¡¡No me extraña que se asusten!! Menudos gritos…

Además, que los pastores ya pueden ser todo lo profesionales que quieran pero deben ser muy despistados porque mira que decirle Riá-pá a las ovejas cuando todo el mundo sabe que ellas solo dicen:

Beeeeeee…

¡Si es que no les hablan en su idioma! Y luego que las ovejas son bobas… Si, claro…

Sin conocimiento…

Y llegaron los gallos, las gallinas, los cerdos y las cabras

Qué decir de las cabras…

Pues que saltan…

¡¡Haber puesto caracoles y te ahorrabas ese problema!! Claro que los caracoles no tienen tanta carne y no dan leche. Que te pones a estrujarle una tetilla a un caracol y se te resbala. Todavía no se conoce el caso de nadie que haya logrado ordeñar a un caracol. Pero eso si, saltar no saltan… Al final, las cabras se acomodaron a su nuevo entorno, tanto que hasta vimos nacer a dos cabritillos; uno negrito como la noche y otro color canela que fueron la clara atracción de la Feria.

Y por último, las vacas (Animales a los que tenía cierta ojeriza gracias a la cantidad de tetrabricks de leche que tenía que reponer diariamente cuando trabajaba en un supermercado. De hecho, por aquel entonces deseaba fervorosamente que las vacas de la marca ‘El Castillo’ se despeñasen desde las almenas…).

Habían venido muchas vacas pero yo miraba y remiraba… y nada… La más famosa, la vaca morada de ‘Milka‘, no estaba. Igual se había quedado en Hollywood firmando contratos. Seguro que es una creída. Cuentan por ahí que se le ha subido la leche a la cabeza…

Tras la primera desilusión pensé en la segunda vaca más famosa: la de los quesitos de ‘La vaca que ríe‘. Una de las vacas me resultó muy similar a ella y yo venga que te venga a hacerle cosquillas pero no me regaló ni una triste sonrisa.

Como las vacas lecheras no daban mucho juego me fui a ver a las vacas de carne.

o_Ô

¡¡¡Jodó!!!

¡Qué bichos más enormes!

Tremendo tonelaje el de las amigas… Afortunadamente son muy apacibles porque te pilla una de esas por banda, se sienta encima tuyo y te quedas extra-fino, como las compresas.

Lo malo de las vacas es que no nacen con bolsillos y así pasa que las cosas se les caen… Por ejemplo los pedos. Y un pedo de vaca es cosa seria, que les sale con el graduado escolar lo menos… Todos huyendo a varios kilómetros del animal menos las moscas que estaban tan felices como en un día de vacaciones pagadas. Que esa es otra; menos mal que no hay carnet por puntos en el mundo de las moscas porque lo perderían. En el colegio nos explican que ‘la distancia más corta entre dos puntos es siempre la línea recta’, pues ese día las moscas faltaron a clase porque ninguna lo sabe… Mira que dan vueltas inútiles… Pero eso si, al culo de las vacas atinan a la primera oye. No necesitan ni GPS.

Y lo más curioso de todo fue encontrarme finalmente con una vaca famosa o, mejor dicho, con una vaca que se parecía a una famosa. Había un ejemplar de la raza Alistana Sanabresa toda negrita ella y con el pelo de la cabeza rubio que recordaba poderosamente a Tina Turner (Espero que la cantante no lea el blog…). Creo que hasta nos hicimos amigos porque, todos los días, cuando le llevaba el forraje, me saludaba con un armonioso:

Muuuuuuu…

Y no hubo nada más digno de mención… Que yo recuerde…

Ah, bueno, también tuvimos un ligero problemilla con dos toros bravos que no tenían cuidadores y a los organizadores se les pasó por alto dejarles agua cerca así que los animales, ni cortos ni perezosos, cuando ya no podían aguantar más la sed, arramplaron con la jaula desatornillándola del suelo a coces y empujones para salir en busca de bebida. Pero, como seguro que ya os he aburrido bastante, igual eso lo cuento otro día… ;P

Estoy alucinando.

Ir a comprar ropa con esta pareja debe ser la mar de divertido… Y de rápido!

Todos los vídeos que voy subiendo al blog podéis guardarlos en vuestro ordenador usando esta web en donde únicamente tendréis que copiar la URL del vídeo sobre el recuadro amarillo y posteriormente elegir el formato de descarga.

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